Categoría: Salud

  • La menopausia es una etapa, no una enfermedad

    La menopausia es una etapa, no una enfermedad

    Ignacio Espinosa Solís
    Por Ignacio Espinosa SolísMédico especialista en medicina interna

    El sábado 20 de junio, en el periódico La Jornada, leí un interesante artículo relacionado con la menopausia, escrito por Andrea Becerril, defensora de los derechos humanos, tema abordado en una sesión de la Secihti. La Secihti, son las siglas de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación. Es la dependencia del Gobierno de México encargada de formular y coordinar la política nacional en estas materias. Su objetivo es articular el talento, los recursos y el conocimiento para ponerlos al servicio del bienestar social y la soberanía tecnológica del país.

    El contenido del tema de la menopausia coincide con mis experiencias profesionales acumuladas en más de 50 años de ejercicio profesional al servicio de la comunidad y aunque mi especialidad no es sobre ginecología, cualquier conocimiento sobre algún tema médico, no necesariamente es exclusivo de determinada especialidad.

    En la primera edición de Conversando con la Ciencia, dice el artículo, realizada en la Universidad de la Salud y transmitida en las redes sociales, se echaron abajo mitos relacionados con la menopausia y se dejó claro que no se trata de una enfermedad, sino de una etapa en la vida de las mujeres que puede ser tratada con terapias a base de hormonas, a las que tampoco se debe satanizar siempre y cuando se apliquen de forma individualizada, bajo seguimiento médico y nunca después de los 60 años.

    En el conversatorio, organizado por la Secihti, que encabeza Rosaura Ruiz Gutiérrez, tres médicos expertos en el tema de la menopausia alertaron también sobre el uso de medicamentos promocionados en las redes sociales y la responsabilidad de los profesionales de la salud de recomendar las mejores alternativas a las mujeres que están en ese periodo de transición biológica y emocional.

    A nombre de la Secihti, Ofelia Angulo Guerrero, quien fue la moderadora, comentó que en México más de 16 millones de mujeres de 48 a 65 años se encuentran en esa fase de su existencia.

    El mito del declive y las hormonas

    María de Lourdes Basurto Acevedo, reconocida especialista en endocrinología y catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México, resaltó que el primer mito es que la menopausia significa el declive de la mujer y es falso porque, dijo, a los 51 años todavía hay mucho por hacer.

    Es cierto que la falta de estrógenos aumenta el riesgo de problemas cardiovasculares y diabetes, pero es una invitación para buscar cambios en el estilo de vida que permitan a la mujer mantenerse vital, saludable y atractiva, resaltó Raúl Rivera Moscoso, endocrinólogo y director de medicina del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

    Los tres panelistas se refirieron también a los mitos sobre el uso de las hormonas, en el sentido de que invariablemente provocan cáncer. Se tiene que encontrar el equilibrio como ciencia y como sistema de salud para decidir la pertinencia o no de los tratamientos con hormonas, resaltó la doctora Sharon Atenea de Uriarte, ginecóloga e investigadora sobre salud integral de las mujeres.

    De Uriarte se refirió a los riesgos de que el uso de estrógenos provoque cáncer y citó un estudio realizado en 2001 en el que inicialmente se sostenía que no había efectos negativos, pero que tuvo que suspenderse a la mitad, ya que se encontró que no era seguro. El problema fue, destacó, que no se tomó en cuenta que las personas a las que encuestaron tenían más de 60 años.

    Hoy, a más de 25 años, «descubrimos que no se debe dar estrógeno a las mujeres después de los 65 años» por el peligro de cáncer.

    Comento que el riesgo se encuentra en los casos en que se ingieren hormonas por más de tres años en forma continua e ininterrumpida, por lo que se considera pertinente individualizar cada paciente y en caso de decidir tratamiento hormonal indicarlo en forma intermitente, periodos de dos o tres meses con otros dos o tres meses de descanso. Esta estrategia es segura y minimiza el riesgo de cáncer.

    A su vez, Rivera Moscoso advirtió que los medicamentos hormonales que se anuncian y venden por medio de Internet son un riesgo, y en ese sentido De Uriarte dio la alerta sobre los llamados bioidénticos promovidos en las redes sociales.

    https://www.gob.mx/cofepris/articulos/cofepris-alerta-sobre-uso-de-hormonas-bioidenticas-para-tratar-premenopausia-y-posmenopausia.

    El término bioidéntico significa que las hormonas del producto son químicamente idénticas a las que produce el organismo. Algunos de estos productos se comercializan como suplementos alimenticios, en presentaciones de tabletas, comprimidos, polvos, geles, parches, gomitas y cremas y no cuentan con una autorización por Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios en México.

    Adicionalmente, se les atribuyen de manera indebida cualidades terapéuticas para el tratamiento de síntomas de la menopausia, incumpliendo lo establecido en el Reglamento de Control Sanitario de Productos y Servicios, en sus artículos 171 y 173.

    Debo comentar que, hay que ser muy cuidadoso con todos los productos que se anuncian como «naturales» y que se expenden en cápsulas, geles, jarabes, en los que interviene la industrialización. Muchos de esos productos contienen fármacos químicos que no están especificados en las etiquetas.

    He observado muchos productos «naturistas» muy efectivos, para la artritis o dolores musculares, por ejemplo, cuya etiqueta menciona efectivamente nombres de hierbas naturales y en realidad los efectos beneficios espectaculares se deben a que les han añadido antinflamatorios no esteroides como naproxeno, ibuprofeno, etcétera, e incluso derivados de la cortisona muy efectivos, pero no mencionados en la etiqueta del contenido. Con frecuencia observo casos graves y mortales con el Síndrome de Cushing iatrogénico (obesidad, retención de líquidos con «cara de luna llena», hipertensión arterial, diabetes, úlceras gástricas sangrantes, insuficiencia renal, infecciones graves con choque séptico mortal) por dosis excesivas y por tiempo prolongado de esteroides.

    Comunico lo anterior para que lo sepan, no para que me crean.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 27. Lee la edición completa en PDF.

  • Octubre color de rosa

    Octubre color de rosa

    Marcos Durán Flores
    Por Marcos Durán FloresEditorialista

    Octubre llegó y el mundo se volvió mucho más rosa. Es la temporada para poner un lazo de ese color en todo, vestir camisas rosas, iluminar de rosa los edificios públicos y hacer que los portales de internet se cubran de rosa, todo en nombre del Mes de Concientización sobre el Cáncer de Mama. Es así como se echan a andar campañas que promueven el autocuidado y la prevención, las cuales han logrado convencerme de que ese color es sinónimo de esta enfermedad; sin embargo, muchas pacientes experimentan momentos negros y oscuros, pues tienen dificultades para afrontar la cruda realidad de un diagnóstico que no tiene nada de «color rosa».

    El cáncer ha convivido con la humanidad desde sus inicios. El libro E l Emperador de todos los Males: una Biografía del Cáncer, de Siddhartha Mukherjee —médico oncólogo egresado de Harvard y con especialidad en Oxford— relata que 2 mil 600 años antes de la llegada de Jesús a la Tierra, Imhotep —fundador de la medicina egipcia— emitió un diagnóstico sobre este padecimiento: no hay tratamiento.

    Del mismo modo, revela que Atosa —reina de Persia entre los años 550 y 475 a. C.— ordenó a uno de sus esclavos que le extirpara un pecho, pues, sin saberlo, padecía un tumor maligno que la consumía en vida.

    Cuatro mil 600 años después, sabemos que el cáncer es la segunda causa de muerte a escala mundial, con cerca de 10 millones de fallecimientos al año; que los cinco tipos más frecuentes son los de pulmón —el 70 % de los afectados pierde la vida—, mama, colon, próstata y estómago; y que en México, según estadísticas de 2022, hubo más de 90 mil decesos por tumores malignos, cifra que lo colocó como la tercera causa de muerte en el país.

    Lo sabemos: el cáncer es uno de los problemas más graves que enfrenta la humanidad, que, empeñada en combatir los efectos y no las causas, deja —como siempre— para el final las medidas preventivas que pueden evitar esta enfermedad.

    Hace 55 años, en 1971, Richard Nixon, presidente de Estados Unidos, le declaró la guerra al cáncer. Esta gesta, considerada heroica, se asemejaba a grandes epopeyas de la ciencia, como el viaje a la Luna o el desarrollo de la vacuna contra la polio. Nixon prometió que durante los años 80 la enfermedad sería detenida, pero no se ha estado ni siquiera cerca de descifrarla por completo. Hay que decirlo: el cáncer llega y trastorna nuestra vida social, económica y, por supuesto, familiar. Con frecuencia, quien lo sufre lidia con daños psicológicos, se queda sin empleo, deja la escuela y, algunas veces, siente vergüenza por padecerlo. Incluso llega a experimentar sentimientos de inutilidad que lo llevan a perder la autoestima. Este proceso termina produciendo una crisis tan difícil de superar como la enfermedad misma.

    Para muchos sobrevivientes, el padecimiento deja de ser el mayor problema, pues después deben enfrentar la discriminación y los prejuicios. A muchos se les negará la posibilidad de seguir recibiendo sus sueldos o conservar sus empleos, mientras que otros no podrán obtener ciertos tipos de pólizas de seguros.

    Y aunque ha habido muchos avances —pues en el pasado el cáncer se consideraba una sentencia de muerte—, hoy las tasas de supervivencia han mejorado drásticamente. Sin embargo, las y los sobrevivientes y sus familias a menudo se enfrentan a una serie de nuevos problemas, entre ellos el miedo constante a que la enfermedad vuelva a aparecer, las tensiones matrimoniales entre los padres, el resentimiento de los hermanos y la pérdida.

    Y ahí es donde la familia cobra importancia, pues a pesar de todo, muchas han descubierto que el cáncer las ha acercado más. Los padres valoran a sus hijos como nunca, mientras que las parejas empiezan a apreciarse con una profundidad renovada.

    Así ha sido como, obsesionados por encontrar la cura, nos hemos olvidado de la prevención. La comunidad científica señala que, para ganar esta guerra, debemos modificar los factores de riesgo y hacer cambios en nuestro estilo de vida. Todos hemos tenido experiencias cercanas y devastadoras con este implacable mal. Todos tenemos familiares o amigos que han fallecido por este motivo. No podemos excusarnos más en la falta de información: ignorar sus riesgos provoca que millones de personas mueran cada año innecesariamente.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 6. Lee la edición completa en PDF.

  • La carga

    La carga

    Orestes Gómez
    Por Orestes GómezEditorialista

    El IMSS, que durante tres décadas fue una institución ejemplo de solvencia económica y funcionamiento preciso, atraviesa desde hace tiempo una crisis que afecta a sus principales funciones, a saber: el cuidado de la salud de sus asegurados y el fondeo de las pensiones en sus diferentes modalidades. A partir de 1997, fecha en que el Instituto fue rescatado por Zedillo de una posible insolvencia pensionaria al crearse las afores, se habían establecido dos clases de asegurados, es decir, los que se jubilarían a través del IMSS y quienes lo harán con su ahorro para el retiro y hasta ahí bien las cosas.

    El IMSS, para su sostenimiento, recibe ingresos por parte de patrones, trabajadores y un subsidio gubernamental desde su fundación. El sistema funcionaría con buenos resultados, al menos en el supuesto, para sostener a los hospitales, los medicamentos y las pensiones, de no ser por lo que sucede en el seno del mismo, desde 2016.

    En ese año, Peña Nieto decretó el servicio médico gratuito para todos los estudiantes de nivel medio, superior y postgrado y provocó una carga de atención médica para un aproximado de 6 millones de escolares que tienen acceso a consultas, intervenciones quirúrgicas y medicamentos gratuitos, sin aportación alguna. Y siguen sumando.

    Por otra parte, el seguro popular fundado por Fox, en el que se atendían a millones de ciudadanos sin acceso a los servicios de salud de IMSS o ISSSTE y continuado a través de los Gobiernos de Calderón y Peña Nieto, fue primero modificado por AMLO dizque por corrupción y mal manejo a un nuevo sistema llamado Insabi, que resultó un fracaso a pesar de la infraestructura que ya tenía el seguro popular a través de la Secretaría de Salud. La solución del régimen primario de la 2T (pasó del PRI al PRD y del PRD a Morena) fue lo más sencillo, pero lo más desastroso: trasladar a cerca de 9 millones de usuarios de los servicios del seguro popular quienes tenían derecho a recibir atención médica de 287 enfermedades, así como el suministro de medicamentos de forma gratuita a los programas directos del IMSS y del IMSS Bienestar. Y si lleva usted la cuenta, ya van 15 millones de personas que tienen atención gratuita en el IMSS y que no aportan ningún peso para su sostenimiento, como sí lo hacen los asegurados y patrones.

    Directamente el IMSS, como lo mencionamos, recibe ingresos de los trabajadores asegurados a través de las cuotas obreras y de los patrones en una mayor proporción, ya que deben integrar los salarios del trabajador y además pagar lo referente a seguro de enfermedades y riesgos y guarderías (digamos entre un 30 % a 36 % del salario del trabajador) y del Gobierno federal a través del presupuesto de egresos 1.59 billones de pesos y para el IMSS Bienestar 172 mil millones, por lo que atendiendo a los egresos de gastos no previstos, como el narrado arriba de usuarios sin ingresos, señala un déficit presupuestal de 175 mil millones de pesos. Es decir una cantidad mayor a la designada al IMSS Bienestar y eso pega en todos los aspectos de atención en los hospitales, sobre todo en lo que hace al surtimiento de medicamentos, programación de análisis químicos, estudios radiológicos y en consulta. Los usuarios deben esperar más días de sus consultas mensuales tratándose de enfermedades crónicas, además de los pacientes sin cita que se aglomeran día con día en las clínicas y de las intervenciones quirúrgicas en las que llevan mano las urgencias. Y tal vez la imagen que a la fecha tiene el sector salud en su conjunto pudiera ser valorada en su tamaño y esfuerzo, si no fuera por ese trafique en los medicamentos que nos endilgó AMLO y sus mañosos hijos y las declaraciones populistas del mismo, presumiendo mejores servicios de salud que en Dinamarca, pero ahí nos tienen. Cada día se acerca más el hilo de la madeja que involucra a sus vástagos con el manejo de medicamentos a precios inflados.

    Por otra parte y para acabar con el cuadro, otro factor de naturaleza política surge y es derivado de la falta de experiencia del Comité Ejecutivo del Sindicato del IMSS, electo apenas hace un año y que por estas fecha está negociando la revisión del contrato colectivo de trabajo, en un panorama en el que existe un garapiñado de clases de trabajadores y además de las posibilidades del surgimiento de coaliciones simplemente con el 33 % de los trabajadores sindicalizados, de ahí las protestas en las calles, plazas y los mismos hospitales.

    Es una paradoja porque de qué manera se irán a tratar a los héroes con tapaboca que salvaron vidas en la pandemia frente a los paupérrimos ingresos del Gobierno, que no tiene más remedio que pedir prestado ante su irresponsable administración de los dineros del pueblo. Resulta pues que esta carga es más pesada que el tiempo y pondrá a prueba no solo la habilidad de negociación, sino la intención de remediar a fondo el destino del IMSS. Es cuánto.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 19. Lee la edición completa en PDF.

  • Dinamarca, la fantasía lejana

    Dinamarca, la fantasía lejana

    Jaime Torres Mendoza
    Por Jaime Torres MendozaEscritor y editor

    Nadie ha dicho que gobernar sea una tarea fácil. La complejidad de las entidades políticas ejerciendo el poder sobre una sociedad diversa puede resultar una verdadera hazaña. Por eso quienes gobiernan deberían ser personas hechas de otra materia, formadas en ámbitos de competencia probada para tales fines.

    Los Gobiernos que toman una sola clave comprensiva de la democracia, como lo es el sufragio, olvidan que la democracia tiene otros elementos constitutivos que la definen mejor, aún por encima de un alto número de votantes.

    Un gobierno democrático construye sus fortalezas en una estructura de poder que sienta su confianza en la solidez de sus instituciones y en un estado de derecho donde la ley manda y no el siempre cuestionable deseo del caudillo en turno.

    No hay situaciones ideales para un gobierno ideal. Hay trabajo, aptitudes probadas, proyectos visionarios concebidos en la lucidez de la razón, voluntad, buena fe y, sobre todo, vocación de servir a una ciudadanía, aunque buena parte de ésta no comparta las mismas opiniones que los gobernantes tienen respecto de las diferentes formas de afrontar la realidad.

    Un país está lleno de problemas; su sociedad es una entidad viva que los genera a diario. Por eso lo primero es otorgarles status de existencia. Reconocerlos permite a los Gobiernos encararlos con mejores armas para encontrar soluciones que beneficien a los afectados.

    Y como toda entidad viva, México es un país lleno de problemas, muchos de alto impacto y cuya solución ha sido aplazada una y otra vez de manera injustificable. El Gobierno los ignora desocupándose de ellos.

    Y de los muchos problemas ignorados es el de salud, un tema muy sensible que ha sido abordado desde hace ocho años con la fantasía, insostenible para un Gobierno serio, de que nuestro sistema de salud supera al de Dinamarca, como en más de una ocasión lo afirmó públicamente el expresidente López Obrador y que ha encontrado noción de continuidad en el Gobierno de Sheinbaum. Siempre he creído que los políticos son unos profesionales de la mentira, la simulación y el cinismo. Su vocación es la maldad y dejan fuera de sus agendas los problemas más vitales, los problemas más esenciales de la sociedad gobernada y cancelan una visión de futuro donde se pueda proyectar la mejor nación para alcanzar niveles de bienestar suficientes para vivir mejor.

    Mi aversión a esta casta de malosos no es gratuita. Los detesto porque, carentes de toda sensibilidad, el dolor humano no está en su ámbito de interés. Por eso pueden sostener fantasías irracionales como lo de Dinamarca y, al mismo tiempo, dejar morir a muchos enfermos que acuden al sistema de salud en busca de atención y encuentran carencias y desabastos imposibles de solucionar en esos instantes de urgencia.

    En mi ya larga vida jamás he visto a un regidor, a un alcalde, a un gobernador, a un diputado, a un senador, a un secretario de Estado, a un ministro de la Suprema Corte, o a un presidente de la república, hacer fila y esperar horas y horas en medio de la incertidumbre para ser asistidos médicamente.

    Yo no sé bordar fino en torno a la política mexicana. No soy como mis colegas periodistas que analizan las sutilezas del entramado político y pueden descubrir las jugadas maestras de ese ajedrez que los políticos juegan con destreza. Tampoco me interesa hacerlo. Soy un hombre de a pie. Yo camino todos los días para ir a mi trabajo, abordo una unidad de transporte público para desplazarme por varios puntos de la ciudad, platico con la gente común, hago mis compras en la tiendita… por eso no sé esas filigranas con las que se manejan los políticos y me es ajena la capacidad de mis amigos periodistas para hacer la lectura de esos códigos secretos.

    Pero sí sé de las implicaciones de tantas carencias en el sistema de salud mexicano. Reconozco en esos hechos el sufrimiento del pueblo que se ha visto afectado por esas crisis, no atendidas por el Estado. Reconozco el alto grado de incertidumbre y de miedo que provocan esos actos de índole casi criminal porque provienen de un Gobierno que miente a sabiendas de ello. Lo que se vive en los hospitales del país corrobora de manera contundente la realidad del sistema de salud mexicano: es casi una ruina. Faltan medicinas en su farmacia, faltan insumos para atender las enfermedades, faltan médicos, asusta la precariedad en sus instalaciones y los aparatos inservibles por falta de mantenimiento. Esa es la realidad que las autoridades se niegan a ver porque viven en el país que imaginan.

    El sistema danés jamás permitiría que los medicamentos necesarios para el tratamiento corrieran a cargo de los familiares del paciente porque eso sangra su economía, profundiza su incertidumbre y vulnera todos sus derechos humanos en la condición de fragilidad en que se encuentran cuando se presenta esa contingencia de salud.

    El sistema de salud de México le da entrada a toda clase de anomalías en torno al paciente y a los familiares. Desde su ingreso a las instalaciones del hospital se va acumulando todo un memorial de agravios, tanto para el enfermo como para su familia y que se mantiene a lo largo de su estancia en la infraestructura hospitalaria.

    Por una cuestión de salud familiar, yo he vivido todo eso. Y esa experiencia me autoriza a exigirle a la presidenta que, ahora que el IMSS ha salido a la calle a protestar por las razones aquí expuestas (además de otras, claro), ya, por fin, enfrente la realidad. Nadie le pide que alcance la perfección en las soluciones que se logren. La única petición es que de verdad atienda los problemas, sin mentiras de por medio.

    Sus políticas públicas en este rubro ya rebasaron la noción de fracaso; ahora están en el ámbito de la responsabilidad. Dada la magnitud de su no hacer, ya se podría hablar de una responsabilidad de orden legal. Quizá debería ser llevada a juicio porque se ha generado mucho dolor, mucha incertidumbre, mucha muerte.

    El ISSSTE me da la oportunidad de refrendar lo que muchos sabemos: Dinamarca está muy lejos. La distancia geográfica se puede salvar, pero la distancia que hay entre la existencia de un verdadero Estado de bienestar y un Estado meramente nominal, es imposible.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 20. Lee la edición completa en PDF.