Categoría: El pez en el agua

Cultura: poesía, ensayo, cine, deportes y reflexión.

  • Maratón LALA 2027

    Maratón LALA 2027

    Torreón, Coahuila; 15 de octubre de 2026.- La cuenta regresiva comenzó, El Maratón Internacional Lala presentó los detalles de su edición 38, que se llevará a cabo el próximo 7 de marzo de 2027, convocando nuevamente a miles de corredores, familias y aficionados a vivir una de las tradiciones deportivas más importantes de la Comarca Lagunera.

    Con una ruta de 42,195 kilómetros, la carrera iniciará en Gómez Palacio, Durango, y concluirá en el Bosque Venustiano Carranza, en Torreón, Coahuila, en un recorrido que año con año convierte a la región en una gran celebración alrededor del deporte, la comunidad y el orgullo lagunero.

    A lo largo de casi cuatro décadas, el Maratón Internacional Lala se ha consolidado como uno de los eventos atléticos más emblemáticos de México, reconocido por su organización, su ruta y el ambiente que se vive desde la salida hasta la meta. Para esta edición, se espera la participación de 4,500 corredores, entre atletas nacionales, internacionales y corredores aficionados que busca rán conquistar la distancia.

    “El Maratón Internacional Lala es mucho más que una carrera: es una tradición que une a la Comarca Lagunera. Cada edición nos recuerda la fuerza de nuestra comunidad, la emoción de quienes corren y el entusiasmo de las familias que salen a apoyar en cada kilómetro. Estamos muy emocionados de presentar esta edición 38 y de seguir construyendo una experiencia memorable para todos los participantes”, señaló María Luisa Marroquín, directora del Maratón Internacional Lala.

    Las inscripciones se realizarán en dos etapas:

    Del 15 al 31 de octubre de 2026, con una cuota de $1,275.00 MXN.

    Del 1 al 13 de noviembre de 2026, con una cuota de $1,450.00 MXN.

    Además, los corredores de las categorías 60 a 69 años y 70 años y más podrán acceder a un descuento del 50% sobre el costo de inscripción vigente durante cada periodo.

    Como parte del espíritu solidario que ha caracterizado al Maratón Internacional Lala, la edición 2027 contará con 150 números de inscripción con causa, destinados a corredores que deseen sumar a su reto personal una contribución social.

    Este año, nos llena de orgullo apoyar a tres organizaciones que realizan una labor extraordinaria en favor de la inclusión, el acompañamiento y el bienestar:

    Sonrisa Azul, en Torreón, dedicada a brindar apoyo a niñas, niños y jóvenes con autismo, así como a sus familias.

    Fundación John Langdon Down, en Ciudad de México, con una amplia trayectoria impulsando la educación, atención e inclusión de personas con síndrome de Down.

    Casa Colibrí, en Ciudad de México, que acompaña con amor, dignidad y cuidados paliativos a niñas y niños que enfrentan la batalla contra el cáncer.

    Porque cuando una persona corre por alguien más, los 42 kilómetros adquieren un significado distinto: cada paso puede repre sentar una oportunidad, cada kilómetro puede convertirse en esperanza y cada meta alcanzada puede transformarse en apoyo para quienes enfrentan desafíos mucho más grandes que una carrera.

    Ese es también el espíritu del Maratón Lala: correr con propósito, avanzar en comunidad y demostrar que el bienestar también se construye cuando nos movemos juntos por una causa.

    La edición 38 contará con un tiempo máximo de recorrido de 6 horas con 30 minutos a partir de la salida oficial. Asimismo, la prue ba mantiene los estándares y certificaciones correspondientes para carreras de larga distancia, lo que la posiciona como una de las competencias más relevantes del calendario deportivo nacional.

    En Grupo Lala, el Maratón Internacional Lala representa una forma de acercar nuestro propósito de nutrir a México a la vida cotidiana de las personas, promoviendo el bienestar, la actividad física y la convivencia familiar a través de una de las tradiciones deportivas más queridas de la región. Desde la Comarca Lagunera, donde se encuentran nuestras raíces, esta competencia nos permite seguir fortaleciendo el vínculo con la comunidad e impulsar una visión de bienestar integral, en la que la nutrición y el movimiento son parte fundamental de una vida más activa y saludable.

    Para consultar información sobre categorías, servicios, premiaciones, reglamento y detalles de la competencia, visita:

    www.maratonlala.org.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 31. Lee la edición completa en PDF.

  • De corazones, ríos y mezquites

    De corazones, ríos y mezquites

    Tomás García Barrientos
    Por Tomás García Barrientos
    he sido de todo
    “confieso que he vivido”
    y aún así
    al cortarme
    duele,
    las espirales
    siguen desorientando
    mi alma,
    el páramo
    todavía me hace derramar
    lágrimas sobre el desierto,
    las ramas del mezquite
    aún me parecen idóneas
    para colgar mi corazón
    a secarse
    con el sol;
    he sido de todo
    y aún así
    el mundo parece una promesa
    de dolor y placer
    de placer y júbilo
    de dolor
    dolor
    dolor
    y amor
    amor
    amor;
    un mundo diseñado
    solamente para aquellos
    que anhelan el florecimiento silvestre
    de los pétalos salvajes
    cuya imagen
    haría llorar, hasta al hombre más vil /
    un mundo diseñado
    solamente
    para aquellos
    que observan el fluir de los ríos
    y esperan
    pacientemente
    observar la vida
    desdoblándose
    en el agua cristalina /
    un mundo diseñado
    solamente
    para aquellos
    que pueden ver, sentir y palpar
    la sublime tristeza
    de todas las cosas vivientes,
    porque aquel que se detiene un momento
    un instante
    a contemplar
    la belleza oculta de este mundo
    vivirá siempre listo para partir
    de la existencia
    con la firme entereza
    de haber encontrado la felicidad
    a pesar de la tristeza,
    si,
    un mundo diseñado
    solamente
    para
    mí.

    Tomás García Barrientos (Piedras Negras, Coahuila, 1995). Licenciado en Derecho por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, cuenta con una Maestría en Educación con Acentuación en Educación Obligatoria por la Escuela Normal Superior del Estado de Coahuila y una certificación como facilitador en Medios Alternos de Solución de Controversias. Actualmente se encuentra ejerciendo funciones en el ámbito de los derechos humanos.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 21. Lee la edición completa en PDF.

  • Entender la parálisis, ¿por qué nos estancamos?

    Entender la parálisis, ¿por qué nos estancamos?

    Por Miguel Ángel Monreal

    La parálisis se manifiesta en la vida de múltiples formas. Algunas son visibles y tangibles, como la discapacidad f ísica o mental. Estas suelen ser más dif íciles de afrontar, aunque existen personas que, con esfuerzo, voluntad y una dedicación admirable, han logrado superarlas. No quiero pasar por alto a quienes han transformado sus limitaciones en enseñanzas vivas de superación personal. Su aporte a la humanidad es inmenso: nos recuerdan que la voluntad puede ser más poderosa que cualquier diagnóstico.

    Sin embargo, existen otras formas de parálisis, más sutiles, pero igualmente extendidas: la pereza y la procrastinación. Aunque a menudo se confunden, son fenómenos distintos que comparten algunas causas, pero requieren enfoques diferentes para ser comprendidos y abordados.

    Desde una perspectiva psicológica, la pereza no debe ser vista como una simple falta de carácter. Más bien, puede ser un síntoma o un mecanismo de defensa. No se trata únicamente de una aversión al trabajo, sino de una manifestación de conflictos internos, estados emocionales y patrones de pensamiento que bloquean el movimiento. En muchos casos, la pereza revela una ausencia de motivación intrínseca: la persona no encuentra sentido ni valor personal en la tarea que tiene delante. Las recompensas externas —como el dinero o el reconocimiento— no siempre bastan para vencer esta apatía.

    Además, lo que se percibe como pereza puede ser, en realidad, un estado de agotamiento físico o emocional. El cuerpo y la mente, en su sabiduría silenciosa, pueden estar reclamando una pausa. Este agotamiento puede estar vinculado al estrés crónico, al burnout o incluso a problemas de salud no diagnosticados.

    Por otro lado, la procrastinación se define como el hábito de posponer voluntariamente tareas, decisiones o actividades importantes, a pesar de conocer las consecuencias negativas que ello puede acarrear. Quienes procrastinan suelen reemplazar estas tareas por otras más agradables, irrelevantes o menos exigentes. En ocasiones, incluso nos entretenemos con cuestionamientos difíciles de responder o con reflexiones abstractas que, aunque no aporten soluciones inmediatas, nos seduacto de pereza, sino un complejo mecanismo de evitación emocional. La procrastinación está profundamente ligada a cómo gestionamos nuestras emociones, al miedo al fracaso, a la autoexigencia desmedida y a la percepción que tenemos de nosotros mismos y de nuestras capacidades.

    En resumen, mientras la pereza puede ser una señal de desconexión interna o agotamiento, la procrastinación es una estrategia de evasión que nos aleja del presente y de nuestras responsabilidades. Identificar las raíces de ambas —ya sea el miedo, la falta de propósito o el agotamiento— es el primer paso para transformarlas. Porque, en el fondo, no estamos hablando de debilidad, sino de síntomas que nos invitan a mirar más profundo.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 22. Lee la edición completa en PDF.

  • Abrir un libro y ponerse en marcha

    Abrir un libro y ponerse en marcha

    Por LibroStudio

    Los libros tienen la palabra» es el lema que, en décadas pasadas, acompañaba las ediciones de bolsillo que la SEP, editoriales y librerías regalaban por el Día Nacional del Libro, una celebración instituida en 1980 como homenaje a sor Juana Inés de la Cruz.

    Más allá de su ardiente literalidad, el lema encierra otro sentido: los libros tienen voz propia y, sobre todo, derecho a interpelarnos. Pueden llevarnos desde el punto A —el punto final con el que el autor cerró su manuscrito— hacia destinos insospechados: B, C, Z y mucho más allá.

    Entre aquel punto final y el lector está el editor, ese intermediario útil y dispuesto que propicia tan feliz encuentro. Pero la gran máquina del pensamiento solo se echa a andar cuando alguien se atreve a tomar un libro entre las manos y, con mayor atrevimiento aún, decide abrirlo. Ahí cobra sentido cualquier celebración de la palabra escrita.

    «Abrir» deriva del latín aperīre, que también significa «comenzar» o «descubrir». Una acción tan natural como transformadora. Por ello, nos parece adecuado abrir esta sección —gracias a la generosa confianza de Espacio 4 y su director, Gerardo Hernández— con este libro: De la parálisis a la acción, de Miguel Ángel Monreal, una guía con ejercicios, reflexiones y una mirada filosófica para superar la procrastinación y el miedo al cambio.

    Del vértigo a la insensibilidad

    La vida pasa frente a nosotros como una ráfaga, y, sin darnos cuenta, dejamos de percibir lo que realmente nos sucede. Estamos tan ocupados en este mundo moderno, acelerado y divergente, que lo común se vuelve extraordinario y lo extraño se vuelve ordinario. Lo que antes era cierto ahora parece falso, lo desconocido se vuelve familiar, y la novedad se transforma rápidamente en obsolescencia. Vivimos en un entorno tan cambiante que muchos pierden el rumbo, olvidando aquello que alguna vez los motivó y los movió. A veces nos detenemos en zonas de confort; otras, nos invaden el desinterés, la pereza, el miedo, las presiones laborales o el entretenimiento excesivo que nos ofrece la tecnología. Hemos entrado en una época donde avanzar o detenerse en lo personal parece irrelevante, porque siempre hay una excusa: «Todos hacen lo mismo».

    Ya no parece necesario esforzarse ni trabajar en algo productivo. Existen múltiples formas de generar ingresos fáciles, apelando únicamente a la parte innovadora del individuo. Y aunque algunos logran divertirse con ese dinero fácil, muchos otros lo imitan sin éxito y quedan atrapados en una etapa de parálisis.

    Y es ahí donde comienza el verdadero problema: hemos normalizado la inmovilidad. Nos hemos instalado en una parálisis silenciosa, disfrazada de comodidad o modernidad, que nos impide avanzar hacia cualquier propósito real. Ya no se trata solo de no saber qué hacer, sino de no sentir la urgencia de hacer algo . La voluntad se diluye, los sueños se posponen y el alma se adormece. Esta parálisis no es física, sino existencial: una desconexión profunda entre lo que somos y lo que podríamos llegar a ser.

    Así, la vida queda a la deriva, sin rumbo, sin propósito, sin movimiento. Y lo más inquietante es que, en medio de esta quietud disfrazada de libertad, muchos han dejado de preguntarse si aún están vivos por dentro.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 23. Lee la edición completa en PDF.

  • Los miedos

    Los miedos

    Darío Fritz
    Por Darío FritzPeriodista y catedrático

    Las resistencias explotan en momentos y lugares impensados, fuera de todo manual político. Los estadounidenses se atrevieron a enfrentar el dominio inglés un día de 1773 cuando unos comerciantes, enojados por la carga impositiva, arrojaron cajas de té al agua en el muelle de Griffin, en Boston. A pesar de las amenazas nucleares y las guerras de espías, el derrumbe soviético se escenificó a partir de unas protestas en Berlín en 1989. La Primavera Árabe de 2010 —la primera rebelión armada en el espacio digital— nació en una ciudad tunecina cuando un muchacho se inmoló por los excesos policiales y el desencanto en las calles se trasladó a los regímenes autoritarios de Egipto, Jordania, Libia o Argelia. El desahucio de una mujer octogenaria en Madrid hace pocas semanas puso de manifiesto el inequitativo acceso a la vivienda en las grandes capitales del mundo. A la par, ante el estallido de la inteligencia artificial y su artificiosa amenaza de destruir la humanidad, no han sido Gobiernos ni alzamientos sociales quienes le hacen frente, sino los matemáticos, que han levantado su barricada y puesto en su lugar lo que ellos mismos han denominado «una demostración de poder» antes que «rigor académico» de la empresa OpenAI al atribuirse la resolución de 700 problemas matemáticos hasta ese momento irresolubles, como en septiembre lo hizo con Navier-Stokes, uno de los siete Problemas del Milenio, y la hipótesis de Riemann.

    Como si fuera una competencia estadounidense-china por quien instala primero una base en la Luna, OpenAI apostó a la demostración hiperindividualista de lo que puede ser capaz de hacer, y que atiza con sus algoritmos, cuando no hay rigor científico detrás, ni se desarrollan conceptos y teorías, se formulan nuevas preguntas, se unifican áreas diferentes, educa a nuevas generaciones y construye conocimiento acumulativo, como dijo el Mozart de las matemáticas, Terence Tao, firmante de uno de dos documentos que han circulado para parar la pelota del oportunismo de los CEO de Silicon Valley.

    Mientras la empresa apela a sus recursos mecanizados para hacer saber hasta dónde puede llegar —de paso gana dinero y se publicita—, la comunidad matemática organizada despliega los argumentos racionales para hacer ver que no se vale todo cuando unos pueden más que otros amparados en su poder tecnológico y económico. Producir resultados cada vez más rápido no significa necesariamente comprender mejor el mundo, han advertido. Los profesionales nucleados en la Asociación de Matemáticas Humanas (AHM) no reniegan de la IA ni la consideran perjudicial para la ciencia, pero ante los límites rojos saltados por OpenAI —Anthropic también está en la competencia por apropiarse de resultados similares—, llaman tanto a sus pares como al público a mirar esas publicaciones con escepticismo y directamente piden a los matemáticos que no colaboren con las empresas de IA. Una confrontación directa de pronóstico reservado.

    El dilema al que se enfrentan en la ciencia con la IA se mueve a semejanza de otras áreas donde hay razones éticas, económicas y laborales que llevan a perjuicios que involucran al resto de la sociedad. En el periodismo, las desconfianzas y desconocimientos se imponen, como lo dice el Digital News Report 2026 del Reuters Institute, pero también se hallan en la abogacía o la medicina. La IA da miedo. Es óxido, si parafraseamos a la poetisa María Negroni. Penetra, paraliza, se inocula y llama al desencanto y hasta a escapar de ella ante la complejidad de conocerla, entenderla y aprender a usarla. Debería ser una herramienta de apoyo, como antes fue el temor a los robots y a la pérdida de empleo a fines del siglo XX, hasta que se comprendió su necesidad y beneficio en procesos de mecanización. El miedo no tiene por qué llevarnos a un lado oscuro, dice la matemática Anabel Forte Deltell, en todo caso, «usarlo como una señal de alarma que nos invite a detenernos, hacer preguntas y tratar de encender la luz». Nunca desecharnos.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 26. Lee la edición completa en PDF.

  • Inocencias y realidades; caminos y destinos

    Inocencias y realidades; caminos y destinos

    Por Perla Yadhira Hernández

    De niña caminaba kilómetros para llegar a una vasta zona de vegetación con una lagunilla. Rodeada de nogales y otros árboles cuyas ramas formaban un techo que protegía del intenso calor, la ruta era larga, pero divertida. Una acequia serpenteaba a un lado de la vereda. En la aventura participábamos mi prima Laura y una amiga, Siomara, a veces se sumaba Chachín, un vecino. Tendríamos unos nueve o diez años.

    Durante la travesía nos topábamos con la quinta Julia Rosa, que constaba de una casa, árboles de membrillos y nogales, zona de picnic con mesas y bancas de cemento, así como una pileta que era usada como alberca por donde la acequia tenía su paso natural. El lugar estaba bardeado con malla ciclónica cubierta con enredaderas de hierbas. Desde la primera vez que la vi, quedé maravillada con esa quinta, al sur de Castaños, mi pueblo.

    En una de esas salidas, hicimos parada para contemplarla desde la cerca; se alcanzaba a ver la pila de agua y un par de leones de color amarillo mostaza, apostados en las laterales, que nos intrigaron sobremanera. Cuchicheábamos sobre los leones, dilucidando si eran reales.

    Son principios de los 80 en una localidad pequeña, donde los niños éramos ingenuos, jugando en la vía pública sin vigilancia y, casi siempre, sin permiso de los padres. No había dinero suficiente en nuestras familias que nos permitiera tener juguetes o comprar los dulces que deseábamos, por lo que esas excursiones se convertían en experiencias emocionantes.

    «Son de verdad», «no, son de mentiras», opinábamos unos y otros, hasta que alguien exclamó haber visto movimiento en uno de los felinos y fue entonces que corrimos. Nuestras mentes y corazones eran genuinamente infantiles, inocentes, confiadas. Una mañana, mi hermano Héctor nos comentó a Laura y a mí, que en el patio de la casa de Juan el panadero había un elefante. A unas cuadras se encontraba dicha vivienda, en una esquina; el patio, atrás. Una barda alta de adobe ocultaba al elefante, del que sólo avistábamos el lomo gris, redondo. Aunque nos subimos a la banqueta grande de enfrente, no miramos más que esa parte del paquidermo, además de que obstaculizaban las ramas de un matorral. Al igual que con los leones de la quinta Julia Rosa, nos concentramos en confirmar el dato de uno de mis hermanos mayores. Duramos varios minutos cavilando la posibilidad de que no fuera un elefante de verdad, porque permanecía quieto; de pronto, vimos un ligero movimiento y también, como con los leones, huimos.

    Cuando regreso al pueblo a visitar a mis familiares que aún radican allí y recorro las calles, recuerdo esas vivencias y sonrío. Cuánta inocencia y fantasía definieron mi niñez. Veo las ruinas de la casa de Juan el panadero y, sobresaliendo de la barda de adobe, el horno de pan, con el cemento gris muy deteriorado, como seguramente lucen así las estatuas de los leones de la quinta Julia Rosa. Suspiro con nostalgia. Qué tiempos aquellos. Las viviendas no son las mismas, las calles tampoco (ahora están pavimentadas), los comercios ya no existen, mi prima habita en otra ciudad y yo también, Siomara igual; Chachín volvió a nuestra tierra luego de años fuera del estado, cayó en las drogas y hoy trata de salir adelante. No es el mismo, nadie lo es. Los vecinos fallecieron o se mudaron. Mis padres ya murieron, al igual que mi hermano Héctor, y una parte de mí, también.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 23. Lee la edición completa en PDF.

  • Imaginarios neo-Mexicans…

    Imaginarios neo-Mexicans…

    José del Bosque Joch
    Por José del Bosque JochHistoriador y cronista

    Fun aint easy if it aint free.
    Too many people got a hold on me…
    But I know something that they dont know:
    I know a woman in New Mexico…

    Billy Joel, «Worse Come to Worst» / Piano Man

    (1973)

    De cariz naranja, conocidos dedos regordetes volvieron a elucubrar. Y tronar al internet con menos de 10 renglones. Trump style. Bicós yes: el estado de Nuevo México ahora debería llamarse New America. Para Mr. Donald, el rebautizo puede aumentar el prestigio del territorio, el valor de sus casas y hasta la honestidad electoral. Todo en un mismo paquete, eh. Las boletas de noviembre se respiran a dos cuadras y, toca —al parecer— rediseñar atlas y toponimias. Pero bueno, ya uno se acostumbra. Antes de cernir el plumón sobre ese globo terráqueo que nos acompaña en estudios y bibliotecas, conviene empatar al absurdo con microhistoria acústica… por lo pronto. Porque, antes de ficheros de metal, han sido: discos, memorias, carreteras… quienes han trazado un mapa que contiene a Nuevo México, así, sin espasmos morfológicos. Pero con andamiajes geoculturales, hijos de una depresión y una guerra. Oriundos de cartografías sin mancillar, aún. Arkansas, Minnesota… y hasta el Toronto que está al otro lado del lago. Pero todos, caudillos de un rock-folk fundacional.

    Seis cuerdas toponímicas

    En 1964, un tal Johnny Cash grabó «New Mexico». Se trata de una historia de vaqueros con —hartas— fatigas y desengaños. Atraído por salario con aventuras, un rapaz acepta viajar al inhóspito oeste. El paraíso, sin embargo, resulta más seco y aciago que lo prometido. Capataz de la lírica rural, Cash —quien rescata una balada escrita por Johnson & Lambson— no necesitó discursos sobre identidad. Bastan el polvo, las vacas y una —mala— paga, que pagaba . Nuevo México aparece como terruño vivido y hasta padecido, no como una etiqueta cartográfica. Sí como cancionero topográfico.

    Antes de entronizarse como padre del grunge noventero y sus angustias, Neil Young llegó a Albuquerque —N.M.— en 1975. Llevaba, en una carpeta remendada, a Tonights the night, uno de sus álbumes más sombríos. En «Albuquerque», el poeta maldito de Canadá busca perderse en el paisaje. Ahí encontrará unos huevos estrellados, jamón de la región y un sitio en donde a nadie le importa quién es. No buscó prestigio inmobiliario ni una bandera más insigne. Quería estar en paz. La ciudad —hoy núcleo metropolitano del geométrico estado sureño— funcionará como refugio. Es una coordenada para desaparecer de las caravanas. Hay lugares que uno elige para que el mundo deje de preguntar.

    Un pre-Nobel de Literatura, por su parte, dejó «Santa-Fe». Bob Dylan filtró aún más raigambre en aquellas grabaciones subrepticias conocidas como The basement tapes. Sucedieron en 1967. La canción sugiere saltos casi cuánticos, pero bien neomexicanos. Una mujer escuálida que escribe versos al highway, una casa sin cocina, y un viaje en bote de langostinos hacen de la sacra capital de Nuevo México un domo geodésico. Así, el eléctrico trovador y canónico rolling-stone despliega el grato disparate de quien parece haber perdido el mapa… pero nunca las ganas de reventarse en blues. Santa Fe no necesita explicación turística: basta con que Dylan la invoque. Que la resuelva en su topografía personal. En ese universo, hasta perder el rumbo es una forma de orientarse.

    Nuevo México no nació ayer ni necesita una campaña de «relanzamiento». Su nombre tiene raíces barrocas que anteceden —de forma centenaria— los primeros vericuetos que dieron pista para fundar a los Estados Unidos. Su tríptico atmosférico reúne a navajos con comanches, y a frailes españoles bicolores… en una fulgurante mesa novohispana. A días de las elecciones del 3 de noviembre, el aspaviento para renombrarla chispea —cebado— como necio capricho que hasta enmudece a las fantasmagóricas ocurrencias de temporada.

    Johnny Cash ya cantó su aridez decimonónica. Neil Young lo convirtió en su refugio. Bob Dylan encapsuló su legendario mito. Tres juglares del folk, tres rasgueos, un par de resoplos harmónicos… y una misma lección: los nombres no son envolturas que se timbran en la caja registradora y líquida. A veces contienen siglos, como Nuevo México, su historiografía y sus imaginarios colectivos. Y no habrá tuit que consiga empaquetarlos en un sobre codificado en Amazon. Afortunadamente. Para eso tiene apellido…

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 24. Lee la edición completa en PDF.

  • Háblame de finanzas, por favor

    Háblame de finanzas, por favor

    Sergio Arévalo
    Por Sergio ArévaloLocutor, docente y columnista

    Ahora, de adulto, recuerdo con algo de nostalgia aquellas conversaciones que mis padres sostenían, acompañados de un café bien cargado, sobre la importancia de estudiar una carrera profesional. También recuerdo lo lento que pasó el tiempo cuando mi papá me explicó cómo debía cuidarme y la importancia del uso del condón. Vivía a cinco minutos de la escuela, pero aquel día el trayecto me pareció de media hora o más. Sin embargo, no recuerdo que hayamos tenido una conversación sobre un tema que, con los años, descubrí que podía ser igual de incómodo: las finanzas.

    La escritora y conferencista Sofía Macías, autora del bestseller Pequeño Cerdo Capitalista (sí, ese cochinito que te mira con cara pícara cada vez que entras a una librería), ha logrado acercar la educación financiera a miles de personas mediante recomendaciones prácticas, un lenguaje sencillo y una buena dosis de humor.

    Sofía es un ejemplo de lo valioso que resulta compartir el conocimiento con empatía y, sobre todo, hacerlo desde el corazón. Así lo ha demostrado a través de sus libros Pequeño Cerdo Capitalista: Finanzas Personales para Hippies, Yuppies y Bohemios, Pequeño Cerdo Capitalista Inversiones y sus colaboraciones en diversos medios de comunicación, entre ellos el periódico español El País.

    Para quienes todavía no se han acercado a su trabajo, Macías también comparte contenidos en YouTube y redes sociales, espacios desde los que busca hacer más accesible un tema que muchos preferimos evitar. Y no, no es una improvisada (lo aclaro para quienes pudieran pensar que se trata de alguien que habla de dinero sin tener credenciales). Estudió Periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, cursó una maestría en Administración de Negocios (MBA) en la Escuela Superior de Comercio de Rennes, Francia, y ejerce el periodismo financiero desde 2006. Credenciales suficientes para darnos la oportunidad de escucharla y, sobre todo, de leerla.

    Quien escribe esta columna forma parte de ese cliché de quienes, según dicen, estudiamos Comunicación porque no había Matemáticas. Recuerdo haber sudado frío, al grado de casi sufrir hipotermia, cuando en una materia me pidieron elaborar el presupuesto de una campaña publicitaria. Aquello fue una muestra más de que mi relación con las finanzas y el dinero era prácticamente nula. Un libro como los que Sofía ha publicado habría sido un gran aliado para evitar esos momentos de angustia y, de paso, entender que hablar de dinero no tendría por qué resultar tan incómodo como para convertirlo en un tabú.

    En su más reciente libro, Finanzas para la vida adulta, la autora nos ofrece un respiro al recordarnos que la adultez no llega con instructivo, pero sí puede acompañarse de mejores herramientas. Se trata de una guía cercana, útil y realista para enfrentar los retos económicos que aparecen cuando crecer deja de ser una idea abstracta y se convierte en una colección de recibos, responsabilidades y decisiones que, nos guste o no, debemos tomar.

    Con empatía, humor y consejos prácticos, Sofía aborda temas que atraviesan esta etapa de la vida: cuidar nuestras finanzas mientras también atendemos la salud, la familia, la estabilidad emocional y los planes a futuro. Desde los seguros, los trámites y la compra de una vivienda hasta las conversaciones sobre dinero en pareja (favor de poner música de tensión) o el cuidado económico de nuestros padres cuando envejecen. El libro ofrece herramientas para construir una mayor estabilidad financiera sin perder de vista aquello que verdaderamente importa.

    Es una charla de café ideal para quienes desean tomar decisiones más informadas, pero sienten que les falta esa voz amiga que les diga por dónde empezar. Porque hablar de finanzas no debería ser exclusivo de economistas, contadores o de quienes parecen tener la vida resuelta. También es una conversación necesaria para quienes alguna vez hemos abierto la aplicación del banco con más miedo que esperanza.

    La autora no toma café (se lo perdonamos), pero leerla es, sin duda, una de esas conversaciones que muchos necesitamos tener. Quizá porque, al final, hablar de dinero no es solamente hablar de cuánto ganamos, gastamos o debemos, sino también de nuestros sueños, de las personas que queremos y de la tranquilidad con la que deseamos vivir.

    Y si algo me queda claro después de esta lectura es que, así como nuestros padres encontraron el momento para hablarnos de la escuela, del amor y hasta del uso del condón, también habría sido bueno que nos sentaran frente a una taza de café para explicarnos cómo cuidar nuestro dinero.

    Porque para algunas conversaciones incómodas siempre habrá tiempo, pero para empezar a construir nuestro futuro financiero, entre más pronto, mejor.

    Redada en una fiesta hippie

    Te levantas, te preparas el café. Recuerdas los pendientes y ya hasta te dolió un poco la espalda de pensar en el duro día que tienes por delante. Después le das un sorbo al café y llegan esos cinco minutos de introspección en los que recuerdas todo y nada. Y es allí cuando en las memorias aparece aquella fiesta, esa reunión en la que pasó mucho y de la que hablas poco. ¿Por qué? Porque la recuerdas para ti y porque, tal vez, solo tal vez, no quisieras que tus compañeros de trabajo, tus hijos o incluso tu pareja supieran lo que pasó.

    Rafael Cabrera nos trae un nuevo libro que nos lleva de viaje a los inicios de los años 70. Titulado Redada en una fiesta hippie, reconstruye la historia de una detención arbitraria ocurrida durante una fiesta en una casa de Lomas de Chapultepec y, a partir de ella, expone la represión contra la contracultura de aquella época. En esa casa había artistas, intelectuales, personajes de la política y jóvenes que difícilmente imaginaron que aquella noche terminaría convertida en noticia y, más de medio siglo después, en un libro.

    Cabrera es periodista y escritor mexicano. Estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México y en el Centro de Investigación y Docencia Económicas. Se ha especializado en temas de transparencia, archivos históricos y registros públicos, y ha trabajado en medios como El Universal, Reforma y Animal Político. Su pasión por la investigación se nota en esta historia, en la que más de una vez podemos sentirnos como espectadores de aquella noche.

    Todo comenzó con una nota periodística que llamó su atención. A partir de ella desarrolló una investigación en la que recurrió a hemerotecas, archivos y testimonios de personas que vivieron aquella redada o conocieron a quienes estuvieron involucrados. Poco a poco comienzan a aparecer nombres reconocibles, desde la actriz Isela Vega hasta personajes como Arturo «el Negro» Durazo, entre otros protagonistas de la vida pública y cultural de aquellos años.

    El libro también nos recuerda que hubo un momento de nuestra historia en el que todo aquello que se saliera de lo establecido podía convertirse en un foco rojo. La prensa sensacionalista de la época —además, con un discurso abiertamente homofóbico— contribuyó a criminalizar a los asistentes, calificándolos de «pervertidos» y «delincuentes. Las portadas de varios diarios del entonces Distrito Federal se llenaron de escándalo, acusaciones y discursos sobre aquello que supuestamente atentaba contra la moral y contra la idea de la familia mexicana.

    Redada en una fiesta hippie nos lleva a una noche de febrero de 1971 en la que una fiesta terminó convertida en un episodio de exposición pública y persecución. Entre los nombres relacionados con aquel ambiente aparece también Alejandro Jodorowsky. Cabrera, en entrevista con quien escribe, me contó que algunas personas decidieron no ofrecer su testimonio y que otras, incluso, lo invitaban a desistir de la investigación.

    ¿Por qué? Sus razones tendrán. Y quizá allí está una de las partes más interesantes del libro. Lo que para nosotros, más de 50 años después, puede representar un ejemplo de represión, abuso o sensacionalismo periodístico, para quienes estuvieron allí puede seguir siendo un episodio de su vida que prefieren no volver a abrir.

    Redada en una fiesta hippie es un libro entretenido y, me atrevería a decir, por momentos hasta divertido. Se disfruta con un café, pero también deja preguntas dando vueltas en la cabeza: ¿cuánto ha cambiado la prensa en estas últimas décadas?, ¿cuánto hemos cambiado nosotros al juzgar la vida privada de los demás?

    Y, sobre todo, una pregunta mucho más peligrosa mientras terminamos la taza de café: ¿a qué fiesta he ido yo que, dentro de 50 años, podría terminar convertida en un libro?

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 28. Lee la edición completa en PDF.

  • Tati, Renato y la banda

    Tati, Renato y la banda

    Alejandro Tovar Medina
    Por Alejandro Tovar MedinaCronista deportivo

    Por la salud y presencia en TSM de Aleco

    El canto de Aleco Irarragorri, levemente interrumpido por el quirófano, lo llevará con salud a su trono en TSM ante Pumas, porque conectó de nuevo a Santos Laguna con la gente, cuando todo parecía extraviado y sin respuesta, cuando las realidades ofrecían realidades incómodas con bisturí afilado. Todos los seres comunes que al caminar iban tirando penales imaginarios han sobrevivido como lo hacemos todos a diario pues el nuevo tiempo anuló la etapa de vivir anestesiado.

    La ansiedad mueve sentimentalismos de impotencia y en esos tiempos, aunque resulta teñido de romanticismo, es bueno acercarse a los soñadores, esos que dicen que hay más mundos posibles, incluso hasta mejores, solo hay que soñarlos. Renato primero ejerció como pastor evangélico que inserta confianza a quienes vienen de perder batallas, luego con trabajo y paciencia pasó a trasmitir visión y objetivos. Confirmó a varios chicos, como Tahíel, Emma y Gómez.

    Paiva no tiene un gran plantel, pero ha tenido certeza para sacar lo mejor de ellos, hasta ahora. Es importante que Facundo y Bellaude unan su futbol para iluminar al españolito, que no tiene poder de concreción, pero sabe filtrar la pelota. El gran pistón es el joven carrilero Mau Cuevas, que lastima a todos. Quedan Mariscal, Picón, Gio Pérez y otros jóvenes que van a mostrarse, como lo hace Aguirre, Irritila natural. Se trata de creer que podemos crear el futuro que deseamos ver.

    El caso de Tahiel (hombre libre) en Mapuche, las tribus de la unión de Chile y Argentina, es singular. No hizo cinco goles en dos partidos por casualidad, sino porque ha ido puliendo su estilo. La forma de tocar la pelota en los centros rasantes, conlleva una técnica que se trabaja y aprende. Tati le llaman en casa y sus amigos, hoy es un fuego dispuesto a resucitar cuando lo invoquemos.

    Cuando el mundo digital se fatiga o duerme, porque tiene un ritmo acelerado, las mentes de los comunes que solo sobrevivimos, podemos crear y cuando además ese pueblo tiene esa rabia de clase que apela la tragedia, entonces es doblemente valioso. Porque nada se compara con la alegría de la gente en el Territorio Santos Modelo, es un cuadro maravilla con actores de una vida cotidiana muy difícil, porque sencillamente el miedo suele ser más fuerte que nosotros y las almas merecen una tregua.

    Aunque muchos recuerdos se desvanecen en el aire, esos mismos que se han llevado a tantos astros queridos del beisbol, la Serie Mundial ya toca las puertas. Esa maravilla que nos impactó desde niños cuando se batallaba para escuchar en el viejo radio la voz de Buck Canel (1906- 1980) cronista maravilla. Es acudir a una devoción, esa que organiza emociones, corazones y neurosis.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 29. Lee la edición completa en PDF.

  • La herida abierta

    La herida abierta

    Rafael López Solís
    Por Rafael López SolísSacerdote y defensor de migrantes

    El pasado jueves 1 de octubre, por la mañana, se volvió a abrir la herida de nuestra región. Una herida que no ha sanado desde su interior. Los protagonistas: dos jóvenes hermanos, Carlos y David, de 18 años, apodados «los cuates». Una víctima mortal: Neri Edith Narváez Gonzáles, subdirectora de la Escuela Secundaria General No. 13, ubicada en el ejido La Unión, que pertenece a la ciudad de Torreón, Coahuila, México.

    Hace seis años, el 10 de enero, un niño de 11 años también asesinó a balazos a la maestra María Assaf Medina, en el Colegio Cervantes, otra vez de la ciudad de Torreón. En ambos casos hubo otros lesionados y heridos y, sobre todo, familias destruidas y desconsoladas. Dos hechos lamentables en menos de siete años.

    Un niño y dos jóvenes han abierto la herida de la violencia en nuestra Comarca Lagunera. No son aislados estos acontecimientos; en otras ciudades del país y del mundo entero han ocurrido casos similares. Es una herida que no ha sanado, que sigue lastimando lo más delicado y vulnerable de nuestra sociedad: maestros, niños, adolescentes y jóvenes. Medidas, muchas: mochilas transparentes, revisión de alumnos, vigilancia tanto de las escuelas como de los maestros y las autoridades; un sinfín de acciones que buscan curar este dolor. Por otro lado, prohibiciones de publicaciones violentas y seguimiento de amenazas en redes sociales. Pero ¿todo esto curará esa herida de violencia que durante mucho tiempo se ha sembrado en el corazón y la mente de nuestros niños, adolescentes y jóvenes?

    Algo estamos haciendo mal todos. Sí, todos. Porque los niños, adolescentes y jóvenes son de todos: padres de familia, escuelas, sociedad, Iglesias, Gobiernos, etcétera. ¿De qué estamos llenando sus mentes y corazones? ¿Cómo los vamos guiando por el camino de la vida? ¿Qué tipo de familia y sociedad queremos para ellos? La verdad es que no hay respuestas fáciles, pero sí una gran esperanza que nos invita, nuevamente, a ponerlos a ellos en el centro, como lo hizo el mejor maestro: Jesús. «En aquella ocasión se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: —¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos? Entonces llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: —En verdad les digo: si no se convierten y se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los Cielos» (Mt 18, 1-3).

    Poner en el centro significa cuidar, proteger, enseñar, guiar, acompañar, instruir. Con amor y paciencia. Con tiempo de calidad y calidez. No hay mayor vocación para una madre y un padre que cuidar y poner en el centro a su hijo. De igual manera, todos los que estamos involucrados en su educación y formación debemos hacerlo. No perdamos esa dimensión y sanemos esa herida que todavía sigue abierta y que ha lastimado a nuestra sociedad.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 24. Lee la edición completa en PDF.

  • Ejercicios espirituales y filosofía antigua

    Ejercicios espirituales y filosofía antigua

    Javier Prado Galán
    Por Javier Prado GalánCatedrático y escritor

    Para mi neumático amigo Manuel Pereira.

    Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, prototipo de los ejercicios espirituales católicos, persiguen con denuedo el destierro de las afecciones desordenadas de nuestra vida, y una vez eliminadas, buscar y hallar la voluntad de Dios. Habiendo dicho esto, es necesario afirmar que no es verdad lo que señalan Pierre Hadot y otros autores respecto a que dichos ejercicios espirituales no suponen más que la versión cristiana de cierta tradición grecorromana cuya importancia habremos de demostrar (Hadot, 2006, p. 24). Si analizamos a fondo el texto ignaciano, vemos de inmediato que el segundo objetivo —buscar y hallar la voluntad de Dios— nos remite a una dimensión trascendente que no encontramos explícitamente en la tradición grecorromana. El mismo ejercicio constante del discernimiento de espíritus en San Ignacio de Loyola implica concentrarse no sólo en la primera finalidad, sino, sobre todo, en la segunda. Empero, es verdad que hay algún vínculo entre la tradición grecorromana y los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Veamos algunos de estos indicios en las llamadas , que no tan menores. Me refiero a la estoica y a la epicúrea.

    Hadot concluye que, de la mano de los estoicos, los epicúreos y otras escuelas de la Antigüedad filosófica, la filosofía se nos aparece entonces originalmente no ya como una elaboración teórica, sino como método de formación de una nueva manera de vivir y percibir el mundo, como un intento de transformación del hombre (Hadot, 2006, p. 56.). La finalidad que buscan los ejercicios filosóficos antiguos es la realización y mejora de uno mismo. Es evidente que, en la supresión de las afecciones desordenadas, que no pecados, de los ejercicios de Ignacio se busca lo mismo: la perfección del sujeto.

    Para los estoicos, la filosofía es ejercicio . La filosofía, para ellos, es eminentemente práctica. La actitud espiritual fundamental de un estoico es la prosoche, la atención continua. Se trata de discernir en actitud vigilante lo que depende y lo que no depende de nosotros. El estoico sabe ver en la pobreza, en el sufrimiento, en la mismísima muerte, no males, pues no dependen de nosotros. El principio universal consiste entonces en discernir lo que depende y lo que no depende de nosotros. Epicteto lo explica de manera reiterada en su Enquiridión. Se Que la muerte se te presente cada día ante la vista y no serás asaltado jamás por ningún pensamiento bajo ni deseo excesivo (No. 21). Este modo de ver la muerte sólo se comprende si se sabe advertir en ella algo que no depende de nosotros.

    Tanto el estoicismo como el epicureísmo pretenden lo mismo: la libertad y la independencia. El estoicismo, al discernir entre lo que depende de nosotros y lo que no, y elegir cuidar de lo primero, obtiene la máxima libertad que proporciona el «vivir conforme a la naturaleza . El epicureísmo, al descartar los deseos no naturales ni necesarios y quedarse con los naturales y necesarios, consigue como premio la independencia en grado sumo.

    En lo que acierta Hadot es en aseverar que la verdadera filosofía es pues, en la Antigüedad, práctica de ejercicios espirituales (Hadot, 2006, p. 52). Las meditaciones ignacianas de la segunda semana de Ejercicios Espirituales podrían realizarse al margen de la dimensión trascendente. Por ejemplo, reflexionar sobre los criterios del Buen Espíritu —pobreza, oprobios, humildad— para no ser engañados por el Malo y sus criterios —riqueza, honores, soberbia— puede realizarse sin necesidad de recurrir a la metáfora de las Dos Banderas: la de Jesús y la de Satanás. Sin embargo, creo que se pierde la hondura del seguimiento de Cristo y de la colaboración en el reinado de Dios. Hace unos días falleció mi amigo, el escritor Manuel Pereira Quintero, a quien le dedico este artículo. Manolo trascendió con una obra literaria que ostenta galardones tales como el Premio Internacional de Cuentos Cortes de Cádiz 2006 por Mataperros. Y novelas de la talla de Insolación. El autor de Toilette y yo solíamos conversar en torno al gnosticismo, pues Pereira simpatizaba con esta doctrina. Los gnósticos dividen la especie humana en tres categorías: los neumáticos, los psíquicos y los hílicos. Los neumáticos o espirituales son los que poseen la chispa divina activa y pueden alcanzar la iluminación y retornar al pléroma, la plenitud de la realidad divina. Son los despiertos, los que poseen la capacidad de comprender la verdad trascendental. Su salvación no depende de sus acciones morales o de su fe ciega, sino del despertar de su propia naturaleza espiritual mediante el conocimiento, la gnosis. Los psíquicos o anímicos son los dominados por el alma, la psyché, y tienen el potencial de elección y de fe, pero se quedan a medias. Y los hílicos o materiales son los que viven en la ignorancia y en las bajas pasiones. Yo solía chancear a Manolo y le decía: «tú perteneces a los neumáticos». Y es que estos abren paso, como en el caso de los Ejercicios Espirituales con mayúscula, a la tan anhelada trascendencia.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 25. Lee la edición completa en PDF.

  • Cuando los pueblos pagan por el poder

    Cuando los pueblos pagan por el poder

    Rodolfo Garza Gutiérrez
    Por Rodolfo Garza GutiérrezEditorialista

    Era octubre de 1973 y vivíamos en Rehovot, Israel, cuando estalló la guerra de Yom Kipur. Las sirenas antiaéreas rompían la calma del barrio a cualquier hora, a veces a las tres o cuatro de la madrugada. Corríamos a los refugios con nuestros hijos pequeños en brazos, sin saber qué iba a pasar. Allí nos juntábamos todos: judíos ortodoxos y liberales, palestinos, yemenitas, cristianos y nosotros, una familia mexicana que había llegado a Israel a estudiar.

    Nadie le preguntaba al de junto en qué creía ni de dónde venía. Teníamos el mismo miedo y, con él, una solidaridad que no he olvidado. Nunca nos cayó una bomba cerca, pero el sonido de aquellas sirenas no se me ha ido.

    Más de 50 años después, cada noticia de Medio Oriente me devuelve a esos refugios. Pienso en los maestros, los compañeros, los comerciantes y las familias con quienes convivimos. Pienso en los israelíes que hoy vuelven a oír sirenas, y también en los palestinos de Gaza, en los libaneses, los iraníes y los yemeníes que viven a la espera del próximo ataque. Cada uno tiene una historia que no cabe en un titular. A ninguno de esos pueblos se le puede confundir con sus dirigentes. Los israelíes no son Netanyahu, los palestinos no son Hamás, los libaneses no son Hezbolá, y no todos los iraníes están con su Gobierno.

    La guerra ya no cabe en un solo mapa. Israel y Estados Unidos atacan a Irán; Irán responde. Siguen los combates con Hezbolá y los hutíes disparan desde Yemen. Lo que empezó entre unos cuantos ya alcanza a muchos países, y cada nuevo frente complica el siguiente. Arabia Saudita ha recibido ataques contra instalaciones civiles; Egipto y Jordania tratan de mantener sus compromisos diplomáticos; Turquía cuida su propia seguridad. Cada quien juega su partida, y hablar de «los árabes» como si fueran un solo bloque es no entender lo que está pasando. Benjamin Netanyahu y Donald Trump cargan con una responsabilidad política particular: fueron ellos quienes decidieron usar la fuerza contra Irán, y las consecuencias se sienten en toda la región. La seguridad de un Estado es un asunto serio, pero no es un cheque en blanco para hacer sufrir a la población civil. Lo mismo vale para los ataques de Irán, Hamás, Hezbolá y los hutíes. No se trata de meter todo en el mismo saco, sino de que cada quien responda por lo que hace y de medir a todos con la misma vara. La vida de una persona no debería valer más o menos según la bandera bajo la que nació. Una vida perdida en Tel Aviv pesa lo mismo que una en Gaza, en Beirut o en Teherán.

    También me preocupan los informes de que Rusia y China apoyan a Irán con tecnología o armamento. Conviene ir con cuidado: que haya reportes de asistencia o de envíos de componentes no prueba que esas potencias estén combatiendo, ni confirma cada cargamento de misiles del que se habla. Hace falta rigor antes de dar por ciertas esas versiones. Pero si más potencias entran al juego, la crisis puede empeorar mucho. Y mientras se negocia sobre el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte importante del petróleo que consume el planeta, vale la pena recordar que una guerra regional puede sacudir el comercio y los precios de la energía en todo el mundo, y también en nuestras casas.

    ¿Qué hay detrás de tanta exhibición de fuerza? Petróleo, rutas marítimas, minerales estratégicos, territorios, mercados. El dinero paga los ejércitos, y los ejércitos protegen el dinero. No digo que todas las guerras se expliquen por la economía; también pesan la seguridad, la historia, el nacionalismo y la religión. Pero sería ingenuo pasar por alto cuánto importa quién controla los recursos y cuánto pesa eso en las decisiones de las potencias. Se pelea por la riqueza de un territorio mientras se destruye la vida de quienes lo habitan. Y casi nunca son los que se benefician quienes ponen los muertos. Tampoco hace falta una guerra para que el poder haga daño. En América Latina lo sabemos bien: basta un cambio en los salarios, en el empleo o en la protección social para trastornar la vida de millones sin disparar una sola bala. Cuba es el ejemplo más persistente. Lleva desde 1962 bajo un embargo estadounidense que la Asamblea General de la ONU ha pedido levantar una y otra vez. Al Gobierno cubano hay que señalarle sus errores y sus restricciones, claro. Pero ¿por qué las familias tienen que pagar por una disputa entre Estados? ¿Qué culpa tienen los niños, los enfermos, los ancianos? Cuando escasean las medicinas, los alimentos o el combustible, quienes lo sufren no son los funcionarios, sino la gente común.

    Hay una contradicción que me duele en particular. Algunos gobernantes hablan de defender la vida y la dignidad humana y, al mismo tiempo, aceptan el sufrimiento de pueblos enteros como un costo más de sus estrategias. Esa distancia entre lo que se dice y lo que se hace se vuelve insoportable cuando las víctimas dejan de ser cifras y tienen cara, nombre y familia. En los refugios de Rehovot, la vida del vecino importaba, y a nadie se le ocurría preguntarle de dónde venía. Bastaba con que estuviera ahí, asustado como nosotros. Tal vez esa sea la lección que les falta aprender a quienes gobiernan: ninguna victoria, sea económica, territorial o militar, devuelve una vida perdida. Las guerras se deciden arriba, pero quienes las pagan, una y otra vez, son los de abajo. Esa es la tragedia.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 26. Lee la edición completa en PDF.