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Columnista de Espacio 4

  • Dinamarca, la fantasía lejana

    Dinamarca, la fantasía lejana

    Jaime Torres Mendoza
    Por Jaime Torres MendozaEscritor y editor

    Nadie ha dicho que gobernar sea una tarea fácil. La complejidad de las entidades políticas ejerciendo el poder sobre una sociedad diversa puede resultar una verdadera hazaña. Por eso quienes gobiernan deberían ser personas hechas de otra materia, formadas en ámbitos de competencia probada para tales fines.

    Los Gobiernos que toman una sola clave comprensiva de la democracia, como lo es el sufragio, olvidan que la democracia tiene otros elementos constitutivos que la definen mejor, aún por encima de un alto número de votantes.

    Un gobierno democrático construye sus fortalezas en una estructura de poder que sienta su confianza en la solidez de sus instituciones y en un estado de derecho donde la ley manda y no el siempre cuestionable deseo del caudillo en turno.

    No hay situaciones ideales para un gobierno ideal. Hay trabajo, aptitudes probadas, proyectos visionarios concebidos en la lucidez de la razón, voluntad, buena fe y, sobre todo, vocación de servir a una ciudadanía, aunque buena parte de ésta no comparta las mismas opiniones que los gobernantes tienen respecto de las diferentes formas de afrontar la realidad.

    Un país está lleno de problemas; su sociedad es una entidad viva que los genera a diario. Por eso lo primero es otorgarles status de existencia. Reconocerlos permite a los Gobiernos encararlos con mejores armas para encontrar soluciones que beneficien a los afectados.

    Y como toda entidad viva, México es un país lleno de problemas, muchos de alto impacto y cuya solución ha sido aplazada una y otra vez de manera injustificable. El Gobierno los ignora desocupándose de ellos.

    Y de los muchos problemas ignorados es el de salud, un tema muy sensible que ha sido abordado desde hace ocho años con la fantasía, insostenible para un Gobierno serio, de que nuestro sistema de salud supera al de Dinamarca, como en más de una ocasión lo afirmó públicamente el expresidente López Obrador y que ha encontrado noción de continuidad en el Gobierno de Sheinbaum. Siempre he creído que los políticos son unos profesionales de la mentira, la simulación y el cinismo. Su vocación es la maldad y dejan fuera de sus agendas los problemas más vitales, los problemas más esenciales de la sociedad gobernada y cancelan una visión de futuro donde se pueda proyectar la mejor nación para alcanzar niveles de bienestar suficientes para vivir mejor.

    Mi aversión a esta casta de malosos no es gratuita. Los detesto porque, carentes de toda sensibilidad, el dolor humano no está en su ámbito de interés. Por eso pueden sostener fantasías irracionales como lo de Dinamarca y, al mismo tiempo, dejar morir a muchos enfermos que acuden al sistema de salud en busca de atención y encuentran carencias y desabastos imposibles de solucionar en esos instantes de urgencia.

    En mi ya larga vida jamás he visto a un regidor, a un alcalde, a un gobernador, a un diputado, a un senador, a un secretario de Estado, a un ministro de la Suprema Corte, o a un presidente de la república, hacer fila y esperar horas y horas en medio de la incertidumbre para ser asistidos médicamente.

    Yo no sé bordar fino en torno a la política mexicana. No soy como mis colegas periodistas que analizan las sutilezas del entramado político y pueden descubrir las jugadas maestras de ese ajedrez que los políticos juegan con destreza. Tampoco me interesa hacerlo. Soy un hombre de a pie. Yo camino todos los días para ir a mi trabajo, abordo una unidad de transporte público para desplazarme por varios puntos de la ciudad, platico con la gente común, hago mis compras en la tiendita… por eso no sé esas filigranas con las que se manejan los políticos y me es ajena la capacidad de mis amigos periodistas para hacer la lectura de esos códigos secretos.

    Pero sí sé de las implicaciones de tantas carencias en el sistema de salud mexicano. Reconozco en esos hechos el sufrimiento del pueblo que se ha visto afectado por esas crisis, no atendidas por el Estado. Reconozco el alto grado de incertidumbre y de miedo que provocan esos actos de índole casi criminal porque provienen de un Gobierno que miente a sabiendas de ello. Lo que se vive en los hospitales del país corrobora de manera contundente la realidad del sistema de salud mexicano: es casi una ruina. Faltan medicinas en su farmacia, faltan insumos para atender las enfermedades, faltan médicos, asusta la precariedad en sus instalaciones y los aparatos inservibles por falta de mantenimiento. Esa es la realidad que las autoridades se niegan a ver porque viven en el país que imaginan.

    El sistema danés jamás permitiría que los medicamentos necesarios para el tratamiento corrieran a cargo de los familiares del paciente porque eso sangra su economía, profundiza su incertidumbre y vulnera todos sus derechos humanos en la condición de fragilidad en que se encuentran cuando se presenta esa contingencia de salud.

    El sistema de salud de México le da entrada a toda clase de anomalías en torno al paciente y a los familiares. Desde su ingreso a las instalaciones del hospital se va acumulando todo un memorial de agravios, tanto para el enfermo como para su familia y que se mantiene a lo largo de su estancia en la infraestructura hospitalaria.

    Por una cuestión de salud familiar, yo he vivido todo eso. Y esa experiencia me autoriza a exigirle a la presidenta que, ahora que el IMSS ha salido a la calle a protestar por las razones aquí expuestas (además de otras, claro), ya, por fin, enfrente la realidad. Nadie le pide que alcance la perfección en las soluciones que se logren. La única petición es que de verdad atienda los problemas, sin mentiras de por medio.

    Sus políticas públicas en este rubro ya rebasaron la noción de fracaso; ahora están en el ámbito de la responsabilidad. Dada la magnitud de su no hacer, ya se podría hablar de una responsabilidad de orden legal. Quizá debería ser llevada a juicio porque se ha generado mucho dolor, mucha incertidumbre, mucha muerte.

    El ISSSTE me da la oportunidad de refrendar lo que muchos sabemos: Dinamarca está muy lejos. La distancia geográfica se puede salvar, pero la distancia que hay entre la existencia de un verdadero Estado de bienestar y un Estado meramente nominal, es imposible.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 20. Lee la edición completa en PDF.