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  • Entender la parálisis, ¿por qué nos estancamos?

    Entender la parálisis, ¿por qué nos estancamos?

    Por Miguel Ángel Monreal

    La parálisis se manifiesta en la vida de múltiples formas. Algunas son visibles y tangibles, como la discapacidad f ísica o mental. Estas suelen ser más dif íciles de afrontar, aunque existen personas que, con esfuerzo, voluntad y una dedicación admirable, han logrado superarlas. No quiero pasar por alto a quienes han transformado sus limitaciones en enseñanzas vivas de superación personal. Su aporte a la humanidad es inmenso: nos recuerdan que la voluntad puede ser más poderosa que cualquier diagnóstico.

    Sin embargo, existen otras formas de parálisis, más sutiles, pero igualmente extendidas: la pereza y la procrastinación. Aunque a menudo se confunden, son fenómenos distintos que comparten algunas causas, pero requieren enfoques diferentes para ser comprendidos y abordados.

    Desde una perspectiva psicológica, la pereza no debe ser vista como una simple falta de carácter. Más bien, puede ser un síntoma o un mecanismo de defensa. No se trata únicamente de una aversión al trabajo, sino de una manifestación de conflictos internos, estados emocionales y patrones de pensamiento que bloquean el movimiento. En muchos casos, la pereza revela una ausencia de motivación intrínseca: la persona no encuentra sentido ni valor personal en la tarea que tiene delante. Las recompensas externas —como el dinero o el reconocimiento— no siempre bastan para vencer esta apatía.

    Además, lo que se percibe como pereza puede ser, en realidad, un estado de agotamiento físico o emocional. El cuerpo y la mente, en su sabiduría silenciosa, pueden estar reclamando una pausa. Este agotamiento puede estar vinculado al estrés crónico, al burnout o incluso a problemas de salud no diagnosticados.

    Por otro lado, la procrastinación se define como el hábito de posponer voluntariamente tareas, decisiones o actividades importantes, a pesar de conocer las consecuencias negativas que ello puede acarrear. Quienes procrastinan suelen reemplazar estas tareas por otras más agradables, irrelevantes o menos exigentes. En ocasiones, incluso nos entretenemos con cuestionamientos difíciles de responder o con reflexiones abstractas que, aunque no aporten soluciones inmediatas, nos seduacto de pereza, sino un complejo mecanismo de evitación emocional. La procrastinación está profundamente ligada a cómo gestionamos nuestras emociones, al miedo al fracaso, a la autoexigencia desmedida y a la percepción que tenemos de nosotros mismos y de nuestras capacidades.

    En resumen, mientras la pereza puede ser una señal de desconexión interna o agotamiento, la procrastinación es una estrategia de evasión que nos aleja del presente y de nuestras responsabilidades. Identificar las raíces de ambas —ya sea el miedo, la falta de propósito o el agotamiento— es el primer paso para transformarlas. Porque, en el fondo, no estamos hablando de debilidad, sino de síntomas que nos invitan a mirar más profundo.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 22. Lee la edición completa en PDF.

  • Abrir un libro y ponerse en marcha

    Abrir un libro y ponerse en marcha

    Por LibroStudio

    Los libros tienen la palabra» es el lema que, en décadas pasadas, acompañaba las ediciones de bolsillo que la SEP, editoriales y librerías regalaban por el Día Nacional del Libro, una celebración instituida en 1980 como homenaje a sor Juana Inés de la Cruz.

    Más allá de su ardiente literalidad, el lema encierra otro sentido: los libros tienen voz propia y, sobre todo, derecho a interpelarnos. Pueden llevarnos desde el punto A —el punto final con el que el autor cerró su manuscrito— hacia destinos insospechados: B, C, Z y mucho más allá.

    Entre aquel punto final y el lector está el editor, ese intermediario útil y dispuesto que propicia tan feliz encuentro. Pero la gran máquina del pensamiento solo se echa a andar cuando alguien se atreve a tomar un libro entre las manos y, con mayor atrevimiento aún, decide abrirlo. Ahí cobra sentido cualquier celebración de la palabra escrita.

    «Abrir» deriva del latín aperīre, que también significa «comenzar» o «descubrir». Una acción tan natural como transformadora. Por ello, nos parece adecuado abrir esta sección —gracias a la generosa confianza de Espacio 4 y su director, Gerardo Hernández— con este libro: De la parálisis a la acción, de Miguel Ángel Monreal, una guía con ejercicios, reflexiones y una mirada filosófica para superar la procrastinación y el miedo al cambio.

    Del vértigo a la insensibilidad

    La vida pasa frente a nosotros como una ráfaga, y, sin darnos cuenta, dejamos de percibir lo que realmente nos sucede. Estamos tan ocupados en este mundo moderno, acelerado y divergente, que lo común se vuelve extraordinario y lo extraño se vuelve ordinario. Lo que antes era cierto ahora parece falso, lo desconocido se vuelve familiar, y la novedad se transforma rápidamente en obsolescencia. Vivimos en un entorno tan cambiante que muchos pierden el rumbo, olvidando aquello que alguna vez los motivó y los movió. A veces nos detenemos en zonas de confort; otras, nos invaden el desinterés, la pereza, el miedo, las presiones laborales o el entretenimiento excesivo que nos ofrece la tecnología. Hemos entrado en una época donde avanzar o detenerse en lo personal parece irrelevante, porque siempre hay una excusa: «Todos hacen lo mismo».

    Ya no parece necesario esforzarse ni trabajar en algo productivo. Existen múltiples formas de generar ingresos fáciles, apelando únicamente a la parte innovadora del individuo. Y aunque algunos logran divertirse con ese dinero fácil, muchos otros lo imitan sin éxito y quedan atrapados en una etapa de parálisis.

    Y es ahí donde comienza el verdadero problema: hemos normalizado la inmovilidad. Nos hemos instalado en una parálisis silenciosa, disfrazada de comodidad o modernidad, que nos impide avanzar hacia cualquier propósito real. Ya no se trata solo de no saber qué hacer, sino de no sentir la urgencia de hacer algo . La voluntad se diluye, los sueños se posponen y el alma se adormece. Esta parálisis no es física, sino existencial: una desconexión profunda entre lo que somos y lo que podríamos llegar a ser.

    Así, la vida queda a la deriva, sin rumbo, sin propósito, sin movimiento. Y lo más inquietante es que, en medio de esta quietud disfrazada de libertad, muchos han dejado de preguntarse si aún están vivos por dentro.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 23. Lee la edición completa en PDF.

  • Inocencias y realidades; caminos y destinos

    Inocencias y realidades; caminos y destinos

    Por Perla Yadhira Hernández

    De niña caminaba kilómetros para llegar a una vasta zona de vegetación con una lagunilla. Rodeada de nogales y otros árboles cuyas ramas formaban un techo que protegía del intenso calor, la ruta era larga, pero divertida. Una acequia serpenteaba a un lado de la vereda. En la aventura participábamos mi prima Laura y una amiga, Siomara, a veces se sumaba Chachín, un vecino. Tendríamos unos nueve o diez años.

    Durante la travesía nos topábamos con la quinta Julia Rosa, que constaba de una casa, árboles de membrillos y nogales, zona de picnic con mesas y bancas de cemento, así como una pileta que era usada como alberca por donde la acequia tenía su paso natural. El lugar estaba bardeado con malla ciclónica cubierta con enredaderas de hierbas. Desde la primera vez que la vi, quedé maravillada con esa quinta, al sur de Castaños, mi pueblo.

    En una de esas salidas, hicimos parada para contemplarla desde la cerca; se alcanzaba a ver la pila de agua y un par de leones de color amarillo mostaza, apostados en las laterales, que nos intrigaron sobremanera. Cuchicheábamos sobre los leones, dilucidando si eran reales.

    Son principios de los 80 en una localidad pequeña, donde los niños éramos ingenuos, jugando en la vía pública sin vigilancia y, casi siempre, sin permiso de los padres. No había dinero suficiente en nuestras familias que nos permitiera tener juguetes o comprar los dulces que deseábamos, por lo que esas excursiones se convertían en experiencias emocionantes.

    «Son de verdad», «no, son de mentiras», opinábamos unos y otros, hasta que alguien exclamó haber visto movimiento en uno de los felinos y fue entonces que corrimos. Nuestras mentes y corazones eran genuinamente infantiles, inocentes, confiadas. Una mañana, mi hermano Héctor nos comentó a Laura y a mí, que en el patio de la casa de Juan el panadero había un elefante. A unas cuadras se encontraba dicha vivienda, en una esquina; el patio, atrás. Una barda alta de adobe ocultaba al elefante, del que sólo avistábamos el lomo gris, redondo. Aunque nos subimos a la banqueta grande de enfrente, no miramos más que esa parte del paquidermo, además de que obstaculizaban las ramas de un matorral. Al igual que con los leones de la quinta Julia Rosa, nos concentramos en confirmar el dato de uno de mis hermanos mayores. Duramos varios minutos cavilando la posibilidad de que no fuera un elefante de verdad, porque permanecía quieto; de pronto, vimos un ligero movimiento y también, como con los leones, huimos.

    Cuando regreso al pueblo a visitar a mis familiares que aún radican allí y recorro las calles, recuerdo esas vivencias y sonrío. Cuánta inocencia y fantasía definieron mi niñez. Veo las ruinas de la casa de Juan el panadero y, sobresaliendo de la barda de adobe, el horno de pan, con el cemento gris muy deteriorado, como seguramente lucen así las estatuas de los leones de la quinta Julia Rosa. Suspiro con nostalgia. Qué tiempos aquellos. Las viviendas no son las mismas, las calles tampoco (ahora están pavimentadas), los comercios ya no existen, mi prima habita en otra ciudad y yo también, Siomara igual; Chachín volvió a nuestra tierra luego de años fuera del estado, cayó en las drogas y hoy trata de salir adelante. No es el mismo, nadie lo es. Los vecinos fallecieron o se mudaron. Mis padres ya murieron, al igual que mi hermano Héctor, y una parte de mí, también.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 23. Lee la edición completa en PDF.

  • La menopausia es una etapa, no una enfermedad

    La menopausia es una etapa, no una enfermedad

    Ignacio Espinosa Solís
    Por Ignacio Espinosa SolísMédico especialista en medicina interna

    El sábado 20 de junio, en el periódico La Jornada, leí un interesante artículo relacionado con la menopausia, escrito por Andrea Becerril, defensora de los derechos humanos, tema abordado en una sesión de la Secihti. La Secihti, son las siglas de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación. Es la dependencia del Gobierno de México encargada de formular y coordinar la política nacional en estas materias. Su objetivo es articular el talento, los recursos y el conocimiento para ponerlos al servicio del bienestar social y la soberanía tecnológica del país.

    El contenido del tema de la menopausia coincide con mis experiencias profesionales acumuladas en más de 50 años de ejercicio profesional al servicio de la comunidad y aunque mi especialidad no es sobre ginecología, cualquier conocimiento sobre algún tema médico, no necesariamente es exclusivo de determinada especialidad.

    En la primera edición de Conversando con la Ciencia, dice el artículo, realizada en la Universidad de la Salud y transmitida en las redes sociales, se echaron abajo mitos relacionados con la menopausia y se dejó claro que no se trata de una enfermedad, sino de una etapa en la vida de las mujeres que puede ser tratada con terapias a base de hormonas, a las que tampoco se debe satanizar siempre y cuando se apliquen de forma individualizada, bajo seguimiento médico y nunca después de los 60 años.

    En el conversatorio, organizado por la Secihti, que encabeza Rosaura Ruiz Gutiérrez, tres médicos expertos en el tema de la menopausia alertaron también sobre el uso de medicamentos promocionados en las redes sociales y la responsabilidad de los profesionales de la salud de recomendar las mejores alternativas a las mujeres que están en ese periodo de transición biológica y emocional.

    A nombre de la Secihti, Ofelia Angulo Guerrero, quien fue la moderadora, comentó que en México más de 16 millones de mujeres de 48 a 65 años se encuentran en esa fase de su existencia.

    El mito del declive y las hormonas

    María de Lourdes Basurto Acevedo, reconocida especialista en endocrinología y catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México, resaltó que el primer mito es que la menopausia significa el declive de la mujer y es falso porque, dijo, a los 51 años todavía hay mucho por hacer.

    Es cierto que la falta de estrógenos aumenta el riesgo de problemas cardiovasculares y diabetes, pero es una invitación para buscar cambios en el estilo de vida que permitan a la mujer mantenerse vital, saludable y atractiva, resaltó Raúl Rivera Moscoso, endocrinólogo y director de medicina del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

    Los tres panelistas se refirieron también a los mitos sobre el uso de las hormonas, en el sentido de que invariablemente provocan cáncer. Se tiene que encontrar el equilibrio como ciencia y como sistema de salud para decidir la pertinencia o no de los tratamientos con hormonas, resaltó la doctora Sharon Atenea de Uriarte, ginecóloga e investigadora sobre salud integral de las mujeres.

    De Uriarte se refirió a los riesgos de que el uso de estrógenos provoque cáncer y citó un estudio realizado en 2001 en el que inicialmente se sostenía que no había efectos negativos, pero que tuvo que suspenderse a la mitad, ya que se encontró que no era seguro. El problema fue, destacó, que no se tomó en cuenta que las personas a las que encuestaron tenían más de 60 años.

    Hoy, a más de 25 años, «descubrimos que no se debe dar estrógeno a las mujeres después de los 65 años» por el peligro de cáncer.

    Comento que el riesgo se encuentra en los casos en que se ingieren hormonas por más de tres años en forma continua e ininterrumpida, por lo que se considera pertinente individualizar cada paciente y en caso de decidir tratamiento hormonal indicarlo en forma intermitente, periodos de dos o tres meses con otros dos o tres meses de descanso. Esta estrategia es segura y minimiza el riesgo de cáncer.

    A su vez, Rivera Moscoso advirtió que los medicamentos hormonales que se anuncian y venden por medio de Internet son un riesgo, y en ese sentido De Uriarte dio la alerta sobre los llamados bioidénticos promovidos en las redes sociales.

    https://www.gob.mx/cofepris/articulos/cofepris-alerta-sobre-uso-de-hormonas-bioidenticas-para-tratar-premenopausia-y-posmenopausia.

    El término bioidéntico significa que las hormonas del producto son químicamente idénticas a las que produce el organismo. Algunos de estos productos se comercializan como suplementos alimenticios, en presentaciones de tabletas, comprimidos, polvos, geles, parches, gomitas y cremas y no cuentan con una autorización por Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios en México.

    Adicionalmente, se les atribuyen de manera indebida cualidades terapéuticas para el tratamiento de síntomas de la menopausia, incumpliendo lo establecido en el Reglamento de Control Sanitario de Productos y Servicios, en sus artículos 171 y 173.

    Debo comentar que, hay que ser muy cuidadoso con todos los productos que se anuncian como «naturales» y que se expenden en cápsulas, geles, jarabes, en los que interviene la industrialización. Muchos de esos productos contienen fármacos químicos que no están especificados en las etiquetas.

    He observado muchos productos «naturistas» muy efectivos, para la artritis o dolores musculares, por ejemplo, cuya etiqueta menciona efectivamente nombres de hierbas naturales y en realidad los efectos beneficios espectaculares se deben a que les han añadido antinflamatorios no esteroides como naproxeno, ibuprofeno, etcétera, e incluso derivados de la cortisona muy efectivos, pero no mencionados en la etiqueta del contenido. Con frecuencia observo casos graves y mortales con el Síndrome de Cushing iatrogénico (obesidad, retención de líquidos con «cara de luna llena», hipertensión arterial, diabetes, úlceras gástricas sangrantes, insuficiencia renal, infecciones graves con choque séptico mortal) por dosis excesivas y por tiempo prolongado de esteroides.

    Comunico lo anterior para que lo sepan, no para que me crean.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 27. Lee la edición completa en PDF.

  • Tati, Renato y la banda

    Tati, Renato y la banda

    Alejandro Tovar Medina
    Por Alejandro Tovar MedinaCronista deportivo

    Por la salud y presencia en TSM de Aleco

    El canto de Aleco Irarragorri, levemente interrumpido por el quirófano, lo llevará con salud a su trono en TSM ante Pumas, porque conectó de nuevo a Santos Laguna con la gente, cuando todo parecía extraviado y sin respuesta, cuando las realidades ofrecían realidades incómodas con bisturí afilado. Todos los seres comunes que al caminar iban tirando penales imaginarios han sobrevivido como lo hacemos todos a diario pues el nuevo tiempo anuló la etapa de vivir anestesiado.

    La ansiedad mueve sentimentalismos de impotencia y en esos tiempos, aunque resulta teñido de romanticismo, es bueno acercarse a los soñadores, esos que dicen que hay más mundos posibles, incluso hasta mejores, solo hay que soñarlos. Renato primero ejerció como pastor evangélico que inserta confianza a quienes vienen de perder batallas, luego con trabajo y paciencia pasó a trasmitir visión y objetivos. Confirmó a varios chicos, como Tahíel, Emma y Gómez.

    Paiva no tiene un gran plantel, pero ha tenido certeza para sacar lo mejor de ellos, hasta ahora. Es importante que Facundo y Bellaude unan su futbol para iluminar al españolito, que no tiene poder de concreción, pero sabe filtrar la pelota. El gran pistón es el joven carrilero Mau Cuevas, que lastima a todos. Quedan Mariscal, Picón, Gio Pérez y otros jóvenes que van a mostrarse, como lo hace Aguirre, Irritila natural. Se trata de creer que podemos crear el futuro que deseamos ver.

    El caso de Tahiel (hombre libre) en Mapuche, las tribus de la unión de Chile y Argentina, es singular. No hizo cinco goles en dos partidos por casualidad, sino porque ha ido puliendo su estilo. La forma de tocar la pelota en los centros rasantes, conlleva una técnica que se trabaja y aprende. Tati le llaman en casa y sus amigos, hoy es un fuego dispuesto a resucitar cuando lo invoquemos.

    Cuando el mundo digital se fatiga o duerme, porque tiene un ritmo acelerado, las mentes de los comunes que solo sobrevivimos, podemos crear y cuando además ese pueblo tiene esa rabia de clase que apela la tragedia, entonces es doblemente valioso. Porque nada se compara con la alegría de la gente en el Territorio Santos Modelo, es un cuadro maravilla con actores de una vida cotidiana muy difícil, porque sencillamente el miedo suele ser más fuerte que nosotros y las almas merecen una tregua.

    Aunque muchos recuerdos se desvanecen en el aire, esos mismos que se han llevado a tantos astros queridos del beisbol, la Serie Mundial ya toca las puertas. Esa maravilla que nos impactó desde niños cuando se batallaba para escuchar en el viejo radio la voz de Buck Canel (1906- 1980) cronista maravilla. Es acudir a una devoción, esa que organiza emociones, corazones y neurosis.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 29. Lee la edición completa en PDF.

  • El cartón: Cadena de traiciones

    El cartón: Cadena de traiciones

    Cartón «Cadena de traiciones», de Monsi
    «Cadena de traiciones». Monsi.

    El cartón de Monsi, publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 5.

  • Así pasa…, de Juan Latapí O.

    Así pasa…, de Juan Latapí O.

    Por Juan Latapí O.
    Así pasa…, de Juan Latapí O.
    Así pasa… Juan Latapí O.

    Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 29. Lee la edición completa en PDF.

  • Infografía: México y EE. UU., una vecindad marcada por el abuso de poder

    Infografía: México y EE. UU., una vecindad marcada por el abuso de poder

    De la pérdida del 55 % del territorio en 1848 a las amenazas de «intervención quirúrgica» con el pretexto del narcotráfico: las claves de la relación entre México y Estados Unidos, en una sola imagen.

    Infografía: EE. UU. y México, una vecindad marcada por el abuso de poder

    Lee el reportaje completo: EE. UU. y México: una vecindad marcada por el abuso de poder, de Gerardo Hernández G.

  • Video: La Corte Penal Internacional, bajo asedio político

    Video: La Corte Penal Internacional, bajo asedio político

    Sanciones, un Nobel de la Paz y una jueza mexicana en medio: las claves del reportaje sobre la ofensiva de Washington contra la Corte Penal Internacional, en menos de un minuto.

    Lee el reportaje completo: La Corte Penal Internacional, bajo asedio político: nobel de la paz, de Edgar London.