
El despojo del 55 % del territorio nacional —donde hoy se asientan, parcial o totalmente, 10 estados de la Unión— mediante la firma del Tratado Guadalupe-Hidalgo en 1848, marcó la historia de la relación entre Estados Unidos y México. El Gobierno de James K. Polk (demócrata) pagó 15 millones de dólares al de Manuel de la Peña —uno de los múltiples presidentes de nuestro país en ese periodo turbulento— por casi 2.4 millones de kilómetros cuadrados. Así se «cumplía» el Destino Manifiesto, cuyo «mandato divino» concedía al entonces imperio naciente el derecho de expandirse por el continente sin reparar en los medios.
Polk justificó ante el Congreso la apropiación con una mentira: «La agresión de México nos obligó a apelar a las armas para asegurar la justicia y defender nuestro honor nacional (…) Los estados de Nuevo México y las Californias constituyen una compensación justa por los gastos de la guerra. Estas provincias deben ser retenidas por los Estados Unidos como indemnización». México, según Polk, había «cruzado» la frontera, «invadido» territorio de Estados Unidos y «derramado sangre americana sobre suelo americano». El enfrentamiento lo provocaron las tropas extranjeras en una zona bajo jurisdicción mexicana. Sin embargo, los hechos se tergiversaron para justificar la ocupación.
De la Peña, quien formaba parte del ala moderada del Partido Liberal, defendió la firma del tratado ante el Congreso de Querétaro, donde el Gobierno provisional se había instalado por la invasión de Estados Unidos. «La Nación —dijo— está vencida y desarmada, pero existe; está con nosotros. Somos la Nación». De la Peña apoyó en su juventud al movimiento independentista. Luego se desempeñó como diputado constituyente y presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En ese carácter sustituyó a Antonio López de Santa Anna tras la derrota militar de 1847. Esto abrió el camino para que, en 1853, el dictador volviera al poder por undécima y última ocasión.
Casi dos siglos después de que James K. Polk mutilara geográficamente al país —cuya herida se simboliza en el Río Bravo—, la retórica efectista que ha caracterizado a Donald Trump revive los viejos sueños imperiales. Hoy, bajo el pretexto del combate al narcotráfico, Washington amaga con operaciones militares en suelo soberano. El asedio es abierto y la presión permanente: va desde los aranceles hasta las amenazas de una «intervención quirúrgica». El Destino Manifiesto cambia de rostro, pero su espíritu expansionista permanece intacto; ahora ya no solo mira al sur, sino también al norte (Canadá y Groenlandia).
Estados Unidos justifica su injerencismo mediante una interpretación torcida de la democracia, la cual, con Trump, se ha degradado. Pues, de acuerdo con el Índice de democracia de The Economist 2024, Estados Unidos tiende hacia el autoritarismo competitivo (frontera del autoritarismo). En uno de sus acostumbrados actos de prestidigitación, Trump se sacó de la manga el Escudo de las Américas, cuyo propósito consiste en imponer en América Latina presidentes de ultraderecha; con ello pretende «extirpar» a los Gobiernos democráticos de izquierda y frenar el avance de China. La denominación de organizaciones terroristas a los carteles de la droga le brinda el pretexto para invadir terceros países por la vía militar. El conejillo de indias fue Venezuela, donde Trump derrocó al presidente Nicolás Maduro y se apropió de una parte de su riqueza petrolera.
Pretextos para invadir
La administración de Donald Trump no ha dejado de buscar motivos para invadir México. El ataque que James K. Polk inventó a mediados del siglo XIX le sirvió de excusa para intervenir militarmente y anexionarse más de la mitad de nuestro territorio. Hoy, la cortina de humo es el narcotráfico, flagelo que se combate al sur del Bravo con mayor intensidad. Sin embargo, es en el norte donde se localiza el principal consumidor de drogas del planeta y de donde proceden los arsenales para las organizaciones criminales. El pretexto para enviar tropas a nuestro país, Trump no lo tendrá de los cárteles, pues ello significaría firmar su sentencia de muerte.
La justificación tampoco se la dará el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha resistido los embates y provocaciones de Washington y de sus aliados en México. Estos son la derecha, los poderes fácticos y los partidos (PRI y PAN) que gobernaron por casi nueve décadas. Precisamente son estos grupos quienes podrían prestarse al juego de las agencias de Estados Unidos para erosionar al Gobierno federal y desestabilizar al país. La incursión de agentes de la CIA en Chihuahua —en un operativo con el Gobierno local— y la Academia Internacional de Capacitación Policial en Querétaro (ambos estados panistas) podrían formar parte de ese plan.
«Los pueblos que no tienen memoria, tampoco tienen brújula», dijo la presidenta Sheinbaum el 27 de septiembre pasado en el Zócalo de Ciudad de México, luego de una gira por las 32 capitales estatales con motivo de su segundo informe de Gobierno. El discurso se centró en la independencia y en la soberanía. Los insurgentes no lucharon «para terminar convertidos en una monarquía contra la cual se habían levantado los Padres de la Patria, en 1810», dijo la mandataria.
Advirtió que otra «demanda poderosísima» de la lucha contra la corona española fue «la abolición inmediata de la esclavitud y el fin definitivo del sistema de castas que dividía a los seres humanos por su origen y color de piel». El tema de la soberanía —hoy como ayer bajo acecho— lo contextualizó con una frase de José María Morelos: «Solo el pueblo determina el destino de México. Significa, desde 1814, que ninguna potencia extranjera, ninguna élite económica o política tiene derecho de dictar el presente y el futuro de nuestra patria; esa solo le pertenece al pueblo de México».
Enseguida lanzó un dardo a los grupos que pretenden recuperar el poder —al margen de las urnas— y reconquistar los privilegios perdidos, así tengan que vender su alma al diablo. En la Independencia, la Reforma y la Revolución, que definieron al país, «el pueblo de México dejó grabados con sangre y fuego en su memoria colectiva (…) cinco guías que hoy son nuestro faro: independencia, soberanía, libertad, igualdad (justicia social) y democracia, entendida como el Gobierno del pueblo».
El país se ha blindado para protegerse de los intereses internos y externos, y fortalecer la democracia. A partir de 2030, declaró la presidenta, «ningún cargo de elección popular tendrá reelección» y se prohibirá el nepotismo. El nuevo artículo 40 de la Constitución «rechaza cualquier intento de injerencia extranjera», y el 19 «da la pena máxima a cualquier agente extranjero que intente violar nuestro territorio». El Senado aprobó también una reforma para que en el futuro la presidencia y las gubernaturas sean ocupadas solo por quienes tengan una nacionalidad: la mexicana.
Diplomacia y resistencia
Para el historiador Lorenzo Meyer, no son las andanadas de Donald Trump contra México las que llaman la atención sino «la capacidad mexicana de resistirlas» («Seguridad para ellos ¿y para nosotros?»). En la era moderna de Estados Unidos, ningún presidente como el magnate republicano ha sido tan insolente y agresivo, no solo con nuestro país, sino contra sus aliados estratégicos alrededor del mundo. Fue precisamente la combinación de liderazgo y pragmatismo la que llevó a la presidenta Claudia Sheinbaum a la lista de «Las 100 personas más influyentes de 2026» de la revista Time, en la categoría de Líderes, por segundo año consecutivo.
«La respuesta de Sheinbaum a la ofensiva (de Trump) fue una lección de diplomacia». «Golpear con dureza a los cárteles (…) ayudó a evitar una intervención estadounidense más agresiva. Habló con serenidad en defensa de la soberanía mexicana, evitando la confrontación. Estos éxitos la convirtieron en una de las líderes más populares de la región y en un ejemplo de éxito al combinar populismo con pragmatismo», dice el periodista británico Ioan Grillo, quien escribió el perfil de la presidenta mexicana. Sin embargo, para que ese «prometedor comienzo se convierta en un legado duradero», Sheinbaum tiene frente a sí tareas arduas como el estancamiento económico, la delincuencia «aún crítica» y decenas de miles de desaparecidos, apunta.
Grillo fue elegido por Time por su conocimiento del fenómeno de las drogas y su alcance global, tema que domina la agenda trumpista con respecto a México. En su reseña del libro Caudillos del crimen: De los señores de la guerra a los nuevos capos de Latinoamérica (2016), el historiador Yuval Noah Harari describe esa obra de Grillo como «Un relato apasionante sobre las nuevas guerras criminales en América Latina… Desafía nuestros conceptos fundamentales de política, economía e incluso religión, al narrar cómo la criminalidad se transforma en guerra, cómo los cárteles de la droga mutan en corporaciones multinacionales y cómo los gánsteres se convierten en políticos e incluso en profetas religiosos».
El futuro de la relación entre los (de nuevo) «vecinos distantes» se definirá en las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos. Si la impopularidad del presidente y el rechazo que enfrenta dentro y fuera de su movimiento MAGA y en las bases del Partido Republicano se traduce en votos, el control de la Cámara de Representantes pasaría a manos del Partido Demócrata y Trump quedaría maniatado por el resto de su mandato. En ese escenario se aceleraría la sucesión presidencial en Estados Unidos, y México podría respirar un poco más tranquilo.
Mientras tanto, la presidenta Claudia Sheinbaum resiste las presiones intervencionistas. El último intento para abrir las fronteras a las tropas de Estados Unidos fue por una supuesta agresión contra elementos de la Guardia Costera en la frontera con Tamaulipas, el 26 de septiembre. La mandataria aclaró que las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional no detectaron disparos en la zona referida. Para mayor seguridad —dijo— se activaron operaciones espejo en el Río Bravo, con la participación del Comando Norte, la Guardia Costera, la Secretaría de la Defensa, la Marina y la Guardia Nacional. La resistencia y la diplomacia, como advierten Meyer y Grillo, son las armas que le han permitido a Sheinbaum mantener a raya al reyezuelo. E4
Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 16. Lee la edición completa en PDF.



