Cuando Salinas visita México, tiembla». La frase, popularizada en las redes sociales, tenía sustento: los terremotos de 2000 y 2014 ocurrieron mientras el expresidente —quien alterna su residencia entre Londres y España desde que su Gobierno terminó— se hallaba en la capital del país. La primera vez, para asistir a una reunión familiar, y la segunda para dar el pésame a la viuda y los hijos del Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez. El país tiene memoria. El sueño primermundista de Salinas de Gortari —alcanzado solo por su círculo cercano— devino pesadilla. En el último año de su administración ocurrieron varios terremotos: el levantamiento zapatista en Chiapas, los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu y la crisis financiera conocida como «el error de diciembre», que le estalló a Ernesto Zedillo.
Cada vez que el expresidente Andrés Manuel López Obrador se conecta al mundo digital, desde su quinta de Palenque, Chiapas, también tiembla; no el suelo, sino el mundillo político. Así ocurrió de nuevo con la presentación de su nuevo libro, Pueblo, a través de un videomensaje difundido en las redes sociales. El título lo escogió acaso por provocador, pues primero pensó en llamarlo Gloria, «aunque la sola palabra (pueblo) le cause molestia a algunos que olvidan que en una auténtica democracia, el soberano, el que manda, perdón por repetirlo, es el pueblo», dijo el 30 de septiembre.
Al día siguiente, la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien dedicó el libro, dio inicio a su tercer año de Gobierno. En México, todo lo que López Obrador dice o escribe desde su lejano retiro —a donde remite el nombre de su finca— levanta ámpula o adhesión según el sector donde se milite. AMLO es, lo mismo que Salinas, un zoon politikon («animal político»), concepto aristotélico cuya base original es el bien común y la plenitud moral. Sin embargo, el término se confunde hoy con maquiavelismo, más propio en Salinas que en AMLO, quien fue su némesis. Los expresidentes emanados del PRI y el PAN también han publicado, pero, en su caso, con propósitos laudatorios, vindicativos o reivindicativos. Peña Nieto, que no era lector, encargó su libro Confesiones desde el exilio, a un escritor en la sombra.
Salinas ha escrito cuatro libros. El primero apareció seis años después de dejar el poder ( México: Un paso difícil hacia la modernidad [Plaza Janés, 1,380 páginas]). Como expresidente —dice—, cumplir «el deber» de explicar sus actos y los de su Gobierno «por una razón moral». El propósito «no ha sido el de reparar su imagen personal (…) sino corregir las distorsiones impuestas a una obra colectiva». El tecnócrata, ante quien toda rodilla se doblaba, reprocha la traición de quienes, después de haber apoyado su proyecto, «se han propuesto desprestigiarlo y aun hacerlo parecer como el origen de todos los males».
El libro apareció en noviembre de 2000, cuando Vicente Fox —líder fugaz de la alternancia— estaba por asumir la presidencia, a hombros del PRI. Once años después nacería Morena de la mano de Andrés Manuel López Obrador. México: Un paso difícil… pasó sin pena ni gloria, acaso por extemporáneo. Cuando salió a la luz, Salinas ya había sido juzgado. Nadie salió en su defensa. Las sombras de Colosio, de la corrupción y de las privatizaciones entre amigos eran demasiado pesadas. Al final, un tabasqueño, sin doctorados ni títulos en el extranjero, ganó la batalla: la 4T sepultó el proyecto neoliberal, y en su lugar surgió el hoy denominado «humanismo mexicano». E4
Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 17. Lee la edición completa en PDF.




