Sheinbaum-AMLO: La ruptura que no llegará

A diferencia de sus predecesores, la presidenta y el caudillo se mantienen unidos por un proyecto social electoralmente exitoso.

Sheinbaum-AMLO: La ruptura que no llegará

La característica de los relevos presidenciales en el PRI y el PAN fue la ruptura. Lázaro Cárdenas puso fin al maximato cuando exilió a Plutarco Elías Calles. Carlos Salinas de Gortari emigró, recién iniciado el Gobierno de Ernesto Zedillo, para no correr la misma suerte que su hermano Raúl, a quien la Procuraduría General de la República (PGR) detuvo por el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu y enriquecimiento ilícito. Ambos fueron los casos más notorios de divorcio político. Felipe Calderón se distanció de Vicente Fox antes de detentar la presidencia; en cambio, pactó con Enrique Peña una salida «decorosa».

El acuerdo habría incluido, según Andrés Manuel López Obrador, la exoneración del exgobernador Humberto Moreira, quien había sido acusado por la PGR de «enriquecimiento ilícito» y «operaciones con recursos de procedencia ilícita». AMLO fue indulgente con Peña, cuyo Gobierno ha sido uno de los más venales. En su toma de posesión le agradeció por no haber intervenido en las elecciones de 2018, como lo había hecho Fox 12 años antes para arrebatarle la presidencia e imponer Calderón. Dio un argumento: «si abrimos expedientes (por actos de corrupción) no habría juzgados ni cárceles suficientes».

Los presidentes del PRI y el PAN interponían un muro infranqueable entre ellos y sus predecesores para alejarlos del poder y evitar influencias nocivas. Máxime si, como en los casos de Zedillo y Calderón, existían agravios de por medio. Los expresidentes preferían retirarse y hacer mutis para no exponerse. Entre ellos no había crítica ni reconocimiento alguno, al menos en público. La ruptura se aceptaba por ser parte del sistema. Con el ascenso de Morena a la presidencia las cosas cambiaron. López Obrador preparó oportunamente a Claudia Sheinbaum para sucederle. Sus antecesores —a partir de Salinas— no pudieron hacerlo porque las circunstancias lo impidieron. Las cúpulas de sus respectivos partidos se habían dividido, y la desconexión con sus bases de apoyo y con la sociedad, excluidas de sus proyectos de Gobierno, la pagaron en las urnas.

López Obrador califica a Sheinbaum como la mejor presidenta, «la mejor del mundo» —«muy superior a mí», ha dicho—. Los halagos del mentor —dirigidos a sí mismo— son correspondidos por la alumna aventajada. «Es el dirigente político y luchador social más importante en la historia moderna», dijo en su toma de posesión. No existen visos de ruptura, porque además de las coincidencias políticas e ideológicas los une el proyecto social por el cual llegaron al poder con las más altas votaciones. La reaparición de AMLO en un video, para dar a conocer su libro Pueblo, coincidió con el arranque del proceso electoral de 2027 que renovará el Congreso junto con la mayoría de las gubernaturas y los ayuntamientos.

AMLO pidió el voto por Morena y autorizó el uso de su imagen (protegida bajo las figuras de propiedad industrial y regulación electoral) para ese propósito. ¿Pueden hacer lo mismo Peña, Calderón, Fox, Zedillo y Salinas? Están en condiciones, sí, pero ¿el beneficio para los candidatos del PRI y el PAN sería mayor que el daño? Difícilmente, pues las preferencias por Morena se deben, en buena medida, a los errores y al recuerdo que dejaron entre los mexicanos. En Estados Unidos sucede lo mismo: el principal promotor del voto por el Partido Demócrata (de centro izquierda, como Morena) para las elecciones del 3 de noviembre es el derechista Donald Trump. E4

Publicado en la edición impresa 808 de Espacio 4 (27 de octubre al 9 de noviembre de 2026), página 18. Lee la edición completa en PDF.

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